El ciclismo quiere mano de hierro
Ayer, escándalo en los Dolomitas, el sábado fueron Roux y De Paoli, la semana pasada, el anuncio de la retirada del Mapei; coincidió con la decisión del Tribunal de Arbitraje Deportivo de anular, por razones jurídicas, la suspensión de seis meses al belga Vandenbroucke. Esto del ciclismo no hay quien lo arregle. Lo peor es que la anulación del castigo no se debe a que Vandenbroucke fuera declarado inocente, sino a esas razones jurídicas. Y ahí viene el lío. La Unión Ciclista Internacional (UCI) se ha indignado y ha dicho que así no vamos a ninguna parte. Lo que unos hacen, otros lo deshacen.
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El comunicado de la UCI sobre el tema es durísimo: "Una vez más, la UCI señala con mucho pesar la falta de transparencia, hacia una anarquía completa, que se manifiesta en las relaciones entre los reglamentos de las instancias deportivas, inspirados en el código médico del Comité Olímpico Internacional (COI), y las diferentes leyes nacionales". La apuesta de la UCI por combatir el doping parece clara, pues se rebela ante las decisiones de organismos superiores que exculpan a los tramposos. Detrás de este comunicado está Verbruggen, el presidente de la UCI y hombre fuerte del COI desde la llegada de Rogge.
Resulta esperanzador que dos organismos tan potentes como el COI y la UCI hayan decidido luchar contra el doping con mano de hierro. Comienzan a aplicar juicios sumarísimos el de Muehlegg fue uno de ellos porque saben que en cuanto el embustero tenga un resquicio legal lo va a aprovechar. La justicia en un estado de derecho es así de generosa, y más aún con los deportistas profesionales, pero fue el propio ciclismo quien años atrás enseñó a los corredores el camino a seguir aplicandoles tan ridículas sanciones que las cumplían en invierno, cuando no competían.
