Mundial 2002 | Brasil

Felipao: un duro al que sigue Lendoiro

Contrario a todos los cánones que han definido al fútbol brasileño y criticado por gran parte de la afición por ello, Scolari ya tiene un motivo para seguir fiel a sus ideas: la Copa del Mundo. Lo excéntrico de algunas de sus actitudes y afirmaciones, le convierten en un personaje único, que ha evidenciado que en Brasil no sólo triunfa el ‘jogo bonito’.

<b>FILOSOFÍA</b>. Scolari es tajante y no duda en señalar que "si un jugador es maricón, es despedido al instante".
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Llegó en una etapa de crisis para poner la casa en orden y desde hace horas es el técnico campeón del mundo. Seguro que muchos de sus enemigos se cambian de bando. Porque Luis Felipe Scolari no es muy querido por gran parte de los brasileños a pesar de los títulos de la Copa Libertadores con Gremio en 1995 y Palmeiras en 1999.

No pasó de ser un mediocre defensa en equipos de medio pelo como el Caxias, el Aimore o el Juventude, siempre promulgó un estilo de juego fuerte, aguerrido, riguroso y disciplinado, clásico en el sur de Brasil pero odiado por la gran mayoría del país. Lejos del famoso jogo bonito, en definitiva.

Y en realidad este Brasil que recula en cuanto hace un gol refleja todo eso. Scolari llegó para suplir a Leao en un momento en que Brasil entero exigía mano dura contra los futbolistas, y para eso Scolari era el hombre. A sus 52 años, reconoce que insulta a los jugadores, porque así se gana la autoridad. Nada más llegar al cargo, lanzó un aviso "a los futbolistas que no sienten la camiseta brasileña de verdad. Si al escuchar el himno no son conscientes de eso, mejor que no salgan".

Pero al final le han sostenido las estrellas. Su carisma es evidente, y su personalidad también, como indican algunas frases de su repertorio. "Si un jugador no puede aguantarme, que se marche", "a algunos les gusta llamarme boca sucia porque insulto a los míos", "si un jugador mío es maricón, le despido al instante" o "las tácticas las hago en mi casa, fregando los platos" son varias que dejan clara su personalidad. Y muchos ejemplos lo demuestran.

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Apartó para siempre a Mauro Silva por negarse a jugar la Copa América de Colombia, se enfrentó con el presidente de Brasil por la negativa a convocar a Romario, y ya anunció su renuncia a seguir en la selección.

Su excelente relación con Lendoiro le traerá tarde o temprano al Deportivo, ya lo verán. Odiado por muchos, ahora nadie se atreverá a llevarle la contraria. Y se habrá olvidado el bochorno de la Copa América con la derrota ante Honduras, los partidos de Bolivia y Uruguay o los minutos de Roque Junior como mediocentro conductor del equipo. Todo eso pasó a la historia del técnico.

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