Ciclismo | Campeonato de España

Guillamón ganó en una carrera loca

Las caídas y la falta de control en el pelotón facilitaron que el modesto corredor murciano del Jazztel lograse el título de campeón de España

Chema Bermejo
Actualizado a

Una vez más se ha demostrado que los equipos españoles españoles no saben correr las clásicas. El Campeonato de España es la única carrera de un día que se toman en serio, pues en ella hay en juego un título importante y un maillot rojo y gualda para lucirlo durante todo el año. El problema es que, evidentemente, en esta prueba no pueden competir los extranjeros y, en consecuencia, nadie sabe como controlar un pelotón. Falta costumbre y se nota.

El de ayer en Salamanca salió, además, como el campeonato más loco y descontrolado que se ha visto en mucho tiempo. Dentro de la anarquía podía ganar casi cualquiera. Así que tampoco es de extrañar que lo hiciera un corredor modestísimo, el murciano Juan Carlos Guillamón, perteneciente al más humilde equipo profesional español, el Jazztel-Costa de Almería, que, por motivos de lesiones, sólo pudo presentar siete corredores al certamen.

Circuito peligroso

Bien es verdad que la Federación Española de Ciclismo no ayudó en nada al elegir un circuito con carreteras muy estrechas y de mal piso. Por ellas tenía que pasar un pelotón de 191 corredores, muchos de ellos aficionados que no pueden ya competir en el nacional Sub-23 por haber superado la edad.

Bastantes corredores denunciaron la peligrosidad del circuito, en el que pudieron producirse más caídas de las que ya costaron fuertes lesiones a Santi Blanco, Iñigo Landaluce y Rafael Mateos, aparte de alguna otra sin consecuencias.

La caída de Blanco y Landaluce terminó además de enloquecer la carrera. Se produjo a sólo doce kilómetros de meta y a causa de ella hubo un corte que dejó en cabeza a 27 corredores. Por detrás quedaron bastantes de los claros favoritos: Freire, Igor Galdeano, Mancebo, David Etxebarria... En el grupo cabecero se montó entonces todo un zafarrancho general. Las escapadas no morían porque el pelotón pusiera un ritmo elevado, sino porque del grupo salían otros fugados que alcanzaban sin problemas a los de delante.

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Entre fugas y contrafugas por un terreno que picaba ligeramente hacia arriba, el grupo se recomponía continuamente y parecía que se iba a llegar al sprint. Pero a falta de unos 800 metros, Juan Carlos Guillamón saltó por el otro lado de la calzada y el único que se dio cuenta fue Olano.

Para éste habría sido su tercer título de campeón nacional, pero los años no pasan en balde y no fue capaz de rebasar al modesto corredor murciano que levantó los brazos y empezó a disfrutar el día más feliz de su dura trayectoria deportiva.

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