El fútbol ya intriga a los estadounidenses
Las victorias se festejan en la calle hasta la madrugada.

La sorprendente actuación del equipo de Estados Unidos en el Mundial de Corea y Japón comienza a intrigar a los norteamericanos, que se preguntan quiénes son esos impostores que llevan la camiseta nacional y que son la causa de muchas llamadas a la Policía estos días porque los aficionados más enloquecidos que les siguen desde Estados Unidos, a altas horas de la madrugada, celebran con sus gritos las victorias de un equipo que estaba destinado a salir eliminado a las primeras de cambio.
Los norteamericanos comienzan a interesarse por quiénes son esos compatriotas llamados Donovan y Beasley capaces de hacer virguerías con el balón usando sólo los pies; o Friedel, un portero que ha parado los dos penaltis que le han lanzado. No les importa volver a mirar hacia Corea 50 años después, esta vez para, sí, ver ganar a los suyos. En Estados Unidos ya existían miles de adeptos al fútbol, pero en estos días el fenómeno está congiando a muchos miles más.
En cuatro años, el conjunto estadounidense ha pasado de ser el último en el Mundial de Francia del 98 a estar entre los ocho mejores del mundo y de atreverse a retar a Alemania.
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El cambio de fortuna del conjunto estadounidense se debe principalmente a la forma en la que Bruce Arena ha manejado al equipo. El ex entrenador del DC United, el bicampeón de la MLS, ha llevado a esta Copa del Mundo a un grupo de jugadores sin egos, no ha dado la titularidad a nadie, lo que hace que los jugadores se esfuercen al máximo porque saben que tendrán una oportunidad.
El ambiente en los entrenamientos y en el hotel de la selección es relajado, los hijos de los jugadores casados andan por los pasillos y la camaradería es muy intensa entre todos. No son favoritos pero no temen a nadie. "Los alemanes son más altos, pero nosotros utilizaremos la cabeza mucho mejor que ellos", dice Arena.