Navratilova gana, Arantxa pierde
Navratilova aparece en el circuito profesional de tenis con 45 años y ganó el martes a la 22 del mundo, Panova. Arantxa, que nunca ha dejado de jugar y tiene 15 años menos, pierde en Roland Garros con la 67 del mundo, que además es española, Marta Marrero, y queda tan descolocada que se está pensando si seguir o no. De momento ha desaparecido del circuito y no se ha inscrito en Wimbledon. És un ejemplo más de hasta qué punto puede llegar la saturación de jugar semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Así 17 años seguidos, hasta que desaparece la frescura, el interés y la ilusión.
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En el tenis profesional femenino ahora mismo se cuentan con los dedos de una mano las jugadoras que son buenísimas. Destacan tanto por su fortaleza, que quienes la adquieren marcan las diferencias con el resto, pues no es condición natural en la mujer. Las que juegan bajo unas condiciones físicas propias de su sexo, unos días ganan y otros pierden. Forman un inmenso pelotón, en el que intercambian posiciones según el momento de forma que atraviesen. Si algún día se enfrentan a alguien que fue genial, pues pueden perder en un momento puntual, como le ocurrió a Panova.
No por esto Navratilova va a volver a estar entre las mejores. Se trata de una aparición esporádica, aprovechando que nunca llegó a dejar del todo la raqueta. Ni tampoco el annus horribilis que sufre Arantxa supone que se haya convertido en una de las peores del mundo, aunque esta temporada fuera eliminada en ocho torneos en la primera ronda. Son rachas, estados de ánimo, máxima igualdad entre las jugadoras del circuito, quitando a esas que se cuentan con los dedos de una mano. Por eso asistimos a unos resultados que no parecen tener lógica. Quien se divierte, gana, y quien trabaja, pierde.
