El milagro de Casillas
Iker Casillas, con sólo 21 años, ha sabido sobreponerse a su inexplicable suplencia en el Real Madrid, inducida por algunos jefes del vestuario, y ahora es el héroe de La Novena y del Mundial de Corea.

Dice que en eso de los penaltis el secreto es aguantar. Eso, aguantar, es de las cosas que mejor hace Casillas en esta vida. Un día, no se sabe el porqué, le quitaron de la portería del Madrid. Físicamente fue Vicente del Bosque, pero en realidad fueron las miserias del vestuario las que le echaron de la alineación. Fernando Hierro, el mismo que con su agarrón a destiempo, propio de un novato, comprometió la suerte de España en el Mundial en el último minuto del partido de ayer, tuvo mucho que ver. Entre todos adelantaron una historieta, según la cual Casillas sale mal de puerta en los balones por alto... y lo mandaron al banquillo. Decidieron que César era más experto y fiable.
Nadie movió un dedo por él. Sólo el Barça, que salió al cruce, a enredar. En el Camp Nou, por cierto, César se tragó un tirito de Xavi y empató un partido que el Madrid dominaba en el marcador y en el campo. El debate periodístico y entre los aficionados fue enorme. Él callaba. Le habían apartado de lo mejor, de la final de Copa y de los momentos clave en la Liga y en la Champions. Se recorcomía por dentro, pero callaba.
Desesperado
Su entorno se desesperó. Su madre dejó de ir al fútbol, pero en el Madrid los que le conocen de siempre, sabían que sobre Iker no se había dicho la última palabra. Uno de esos técnicos, Miguel Ángel Portugal. Y de pronto, la cosa empezó a cambiar. Faltando media hora para acabar la final de la Copa de Europa, se lesionó César. Casillas no pestañeó. Se puso los guantes y se fue hasta la portería. El Madrid ganaba y penaba ante el Bayer Leverkusen.
Entonces como ayer, a Hierro y compañía, Casillas les salvó la cara. Con tres paradones, uno de ellos en el último suspiro, amarraron la Novena. Iker volvió a casa tras llorar a moco tendido en Escocia. Su padre y su hermano Unai sí estuvieron en la final. No su madre, definitivamente dimitida. Iker, 21 años, la echó de menos. Aquellas lágrimas tampoco gustaron en ciertos sectores de la planta noble del Santiago Bernabéu.
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Poco después se incorporó a la concentración mundialista de España. De suplente. El titular iba a ser Santi Cañizares, que lo había sido en el Valencia campeón de Liga. Uno noche, a Cañizares se le cayó al suelo una botella de colonia y le rasgó un tendón de un dedo del pie: mes y medio de baja, adiós mundial. Iker pasó a ser el oficial de guardia. Debutó en el campeonato, hizo lo que se esperaba de él en la fase de clasificación y ayer detuvo tres de los siete penaltis que le tiraron (dos durante el partido y cinco en la tanda final), y un cuarto lo desvió con la mirada: larguero y fuera.
"El niño culo". Susurran divertidos sus compañeros. Camacho le dijo ayer, al final de la taquicárdica prórroga de Suwon: "De juvenil has parado montones de penaltis. Piensa que esto es eso, un partido de juveniles". Iker, listo como él solo, obedeció y paró. Como siempre.