Yo digo Juan Mora

Jugar en tierra no es ninguna ventaja

Juan Mora
Importado de Hercules
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En el tenis moderno, la tierra batida nos parece una superficie menor, porque en ella vemos perder a los grandes tenistas. Los nuestros, en cambio, se crecen hasta el extremo de que ya es habitual que los dos finalistas en un torneo de tierra sean españoles. Claro, es que estamos acostumbrados a este tipo de superficie. Y como acaba de terminar Roland Garros y lo hemos hecho tan bien, por eso aparecen en los primeros puestos de la lista mundial. Pues sí, naturalmente. Merecido lo tienen. Son los mejores y, además, en términos absolutos. Ser especialista en tierra no supone ventaja respecto a los rivales.

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No es ventaja, porque la tierra tampoco es exclusiva de los españoles. Ahí están los franceses, cuya catedral del tenis es de tierra. Y los italianos, y los alemanes, y los suecos, y los austriacos, y los suizos, y los holandeses, y los croatas, y los rumanos, y los argentinos, y los chilenos, y hasta los estadounidenses. Todos sus países organizan torneos en tierra batida, por lo que no tiene que ser superficie extraña para sus jugadores. Lo que pasa es que son peores que los nuestros y entonces parece que no están acostumbrados a la denostada tierra. Si no tienen Armada será porque les faltan barcos, no mar.

La tierra, además, tampoco supone mayor ventaja, porque de los 32 torneos que se llevan celebrados este año, 15 han sido en tierra, 16 en superficie dura y uno en moqueta. Y pese a esa mayoría de partidos en superficies en las que los pegadores llevan ventaja, España tiene ahora mismo más jugadores que ningún otro país entre los diez mejores del mundo (dos, Costa y Ferrero), entre los cincuenta (nueve) y entre los cien (dieciséis). Y al término de la temporada, el 64,2% de los torneos se habrán celebrado sobre superficies rápidas. O sea, que ventaja, la de los demás, no la de la Armada.

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