Boxeo | Peso Pesado

La Pirámide fue la tumba de Tyson

En el coliseo de Memphis, Lennox Lewis venció por KO en el octavo asalto al Terror del Garden, que acabó con la cara desfigurada al recibir una gran paliza.

<B>DURO CASTIGO.</B> El rostro de Tyson al final del combate.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Violador convicto y confeso, Mike Tyson inventó una vez la psicología de la agresión: antes de destruir a sus enemigos a martillazos, los había aniquilado mentalmente. Nadie quería encerrarse entre doce cuerdas con el campeón de las cárceles de Estados Unidos y su infinita capacidad para la destrucción.

Hasta que Buster Douglas, en 1990, Robin Givens, en la alcoba, y Evander Holyfield, resistiendo mordiscos, demolieron el aura de invencibilidad criminal del feroz individuo criado por Cus D’Amato en los montes de Catskill. Después, el inquietante gangster Don King, homicida convicto, remató la destrucción del mejor destructor de todos los tiempos.

Tyson, un agresor salvaje y veloz, siguió en el ring sólo porque la cárcel, King y las mujeres le habían dejado sin un centavo. Los años y las orgías liquidaron su rapidez mortal. Y surgió Lennox Lewis, el gigante británico (1,96) que una vez fuese compañero de Tyson en Catskill. En esos años, D’Amato (muerto en 1985), predijo: "Algún día, tú, Mike, y tú, Lennox, os jugaréis el título del mundo".

Cuando llegó ese día, en la Pirámide de Memphis, Tyson, el brutal agresor de Brooklyn, desentrenado y sin combates, chocó con una máquina de guerra, Lewis, un demonio extraterrestre que suelta constantemente jabs de derecha, jab, jab, jab... con más de 15 centímetros de ventaja sobre Tyson en alcance de brazos (2,15-1,98). Lewis supera a Tyson en todas las medidas corporales, excepto en cuello y muslo, con empate en bíceps. El precio de la demolición anunciada fue de 20 millones de dólares por cabeza. Tyson, arruinado, se embolsó 17,5 millones, tras pagar a Shelly Finkel y Tommy Brooks.

El final estaba claro. Lewis, cazador junto al Mississippi, lanzó 328 golpes: 193 alcanzaron a Tyson, la presa ensangrentada, que sólo pudo llegar a Lewis con 49 manos de los 211 puñetazos que tiró. Tyson, envejecido, sólo ganó el primer asalto, gracias a un gancho de izquierda que explotó directamente en la mandíbula de Lewis. Este ni se inmutó, y comenzó a picar, jab, jab, jab, el rapado cráneo de Mike, un cráter sangrante desde el tercer asalto.

La caída.

Tyson cayó en el cuarto y fue contado en pie a comienzos del octavo, el cuerpo hecho un sangriento punching ball. A 35 segundos del fin de ese asalto, Lewis encadenó su jabbing con una brutal derecha corta de la que el violador de Brooklyn no se levantaría sino tras la cuenta del árbitro. "El mundo quería ver esto: le he dado disciplina a este perro mordedor", dijo Lewis. Pero Lewis no lo hizo todo: fue Mike Tyson quien destruyó y violó... al fantasma de Mike Tyson.

Mike quiere la revancha

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En el contrato del Tyson-Lewis estaba fijado un combate de revancha que Tyson se apresuró a solicitar a Lewis: "Estaré agradecido si Lennox me deja pelear con él de nuevo", dijo Mike. "Ha demostrado que toma golpes infernales como un hombre. Estoy asombrado. Le he sentido crujir debajo de mis puños y seguía adelante... pero yo gobierno el mundo ahora", observó Lewis, cuya madre, Violet, recibió un beso de Tyson. Entre los espectadores del combate estaban Magic Johnson, Samuel L. Jackson, Ben Affleck, Allen Iverson...

100 millones de dólares de beneficios

Entre extraordinarias medidas de seguridad, la asistencia oficial de público a la Pirámide de Memphis se cifró en 15.327 espectadores, aunque poco antes del combate había reventas callejeros vendiendo entradas a mitad del precio oficial. El beneficio del combate, gracias al pay per view se ha estimado en 100 millones de dólares, a liquidar por las cadenas HBO y Showtime.

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