Albert Costa se doctora en París
El ilerdense rozó la perfección en los dos primeros sets y terminó por rematar en el cuarto. Ferrero sólo fue una sombra de sí mismo.
Albert Costa se tiró al suelo, se manchó con la tierra roja de París y consiguió su primer título del Grand Slam al vencer a Juan Carlos Ferrero en la tercera final totalmente española de Roland Garros.
Costa se impuso en un partido en el que Ferrero no existió en los dos primeros sets, con un marcador final de 6-1, 6-0, 4-6 y 6-3, en dos horas y 38 minutos. Era el duodécimo título de su carrera, sin duda el más importante, y se embolsaba un cheque de 825.000 euros.
Como hizo Arantxa en 1989, Bruguera en su primer título en 1993 y Carlos Moyá en 1998, Costa se revolcó en la arena de París al sentenciar al segundo punto de partido. Después, tras recibir el abrazo de su rival, corrió a la grada para abrazarse a su familia y, sobre todo, para besar a su novia, Cristina, y a las gemelas Claudia y Alba, sus hijas, que llegaron ayer y con las que disfrutó de su gran éxito.
Albert Costa acabó ayer con una fama de perdedor que empobrecía su palmarés. Ya tiene un Grand Slam y se afirma como lo que siempre fue, uno de los mejores del tenis español.
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El hombre de las dos derechas, como suele definirle el campeón más veterano en París, Andrés Gimeno, y del que John McEnroe se siente admirador en sus transmisiones para la NBC, al igual que Pete Sampras, cuando le venció en los cuartos de final del Abierto de Australia en 1997, tenía una inmerecida fama de intranquilidad mental que superaba su gran calidad técnica.
Pero desde que hace tres años Costa, apodado por sus amigos Costilla, contrató a José Perlas como entrenador, el jugador ilerdense inició una trayectoria más convincente. También ha influido el trabajo de Ana Puente, psicóloga y esposa de Perlas.