La escuela de Baraja
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Me produce un cosquilleo especial ver los triunfos de Baraja. Tiene la alocada herencia del Atlético. Es anárquico en su juego y cuando apela a la heroica es cuando mejor se mueve. Todavía me acuerdo cuando en las Navidades del 98 le daban la alternativa en la primera plantilla rojiblanca en el duelo contra el Real Madrid que tenía a José Tomás y Enrique Ponce como protagonistas. Rubén ya enseñó sus uñas y no dejó escapar la oportunidad del triunfo.
Aunque salido de la cantera del Valladolid, la realidad es que a Baraja lo llevamos muy adentro los atléticos. Se fue al Valencia sabiendo que hacía un favor al club, que necesitaba dinero con su caída a Segunda. Nunca dice no a su entrenador, pero su cota más alta de juego la consigue cuando se puede mover a su antojo, ser el oxígeno necesario para sus compañeros y tener libertad de movimientos para lanzarse a la aventura del ataque. Las piernas que necesita Valerón en el juego entre líneas para romper cualquier muro que se le ponga por delante. El Atlético no podía estar fuera de este Mundial y Baraja es nuestra bandera. Nos sentimos orgullosos de este futbolista que ha aprendido nuestros valores de solidaridad y respeto a la labor de conjunto. Baraja es un lujo y sueño que un chutazo suyo nos lleve a festejar el título mundial en Japón.
