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La Selección sí justifica los medios

Ministros, estudiantes y taxistas echaron mano de radios, televisiones, Internet y teléfonos móviles para seguir en directo el partido de España.

<b>EXPECTACIÓN EN EL MERCADO DE PACÍFICO</b>. Televisión y pancartas, cómplices perfectos de tenderos y clientes en una charcutería.
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España es futbolera y sus ministros no son una excepción. Sus excelentísimas no escapan a la pasión balompédica que embarga al país en tiempo de Mundial. Ayer viernes, mientras media España hacía un quiebro a sus obligaciones laborales para seguir el choque ante Paraguay, en el Consejo de Ministros despachaban con celeridad la agenda del día. La jornada arrancaba temprano. Eran las nueve de la mañana, una hora antes de lo habitual, cuando dos madridistas (Cabanillas y Trillo), dos azulgrana (Piqué y Birulés), un sportinguista (Álvarez Cascos), una malaguista (Celia Villalobos), un deportivista (Rajoy) y un mallorquinista (Matas), entre otros, se reunían a puerta cerrada para despachar los asuntos de Estado, mientras José Antonio Camacho repasaba la pizarra con sus chicos. Un par de camareros, unos cafés y unas bandejas de bollería fueron su único contacto con el mundo exterior. Eso, y las excusadas salidas al baño, mantenían informados a los ministros.

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No muy lejos de allí, Pablo, estudiante de Psicología en el CEU, se enfrentaba a un examen de Neurociencia. Encaraba la pregunta 32 cuando Morientes cazó el balón del primer gol. "¿Cuál de las siguientes enfermedades no se desarrolla en el hipocampo?" En ese momento un diminuto teléfono móvil vibró en su bolsillo porque había novedades en el estadio de Jeonju. Tres posibilidades: A) Ha marcado España. B) Ha marcado Paraguay. C) Ha habido un expulsado. Después, un poco de picardía para sacar el teléfono y... "¿Qué ha escondido en su bolsillo? No se preocupe profesor, era otra vez Morientes. Ya vamos ganando a Paraguay".

España es bilardista. Todo vale. Esta máxima bilardista reflejaba el espíritu con el que se siguió el partido en la mañana de un viernes que se desperezaba a pelotazos. Jorge, conductor de taxi desde hace 18 años, esperaba para cargar en la parada mientras se jugaba el partido. "Se nota que juega España, está todo medio vacío". Su copiloto habitual es la radio, "me casé con ella hace muchos años, más de los que llevó con mi mujer. Recuerdo cuando salté de alegría el día que Alfonso marcó a Yugoslavia y la rabia por aquel gol de Baggio que nos eliminaba en Estados Unidos". Otros, los de la estirpe de los oficinistas, se aliaban con Internet para burlar la vigilancia de sus jefes. Decenas de páginas web informaban al segundo de lo que está ocurriendo. Por eso, si mientras usted ingresaba dinero en el banco notó cómo el cajero miraba de reojo un ordenador, no se extrañe, era el fútbol, que ahora también se juega en teléfonos móviles y páginas gueb. Y además España ganó y confirmó aquel precepto de Nicolas Maquiavelo de que el fin, en este caso seguir a la Selección, justifica los medios. Al menos esta vez, sí.

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