Yo digo Juan Mora

World Series: quien gana es el hombre

Juan Mora
Importado de Hercules
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Uno de los principios básicos del deporte de competición es conseguir la máxima igualdad posible entre los contrincantes. Para eso están los reglamentos. Incluso hay deportes que consideran la posibilidad del hándicap, como el golf, para equilibrar las oportunidades cuando se enfrentan jugadores de distinto nivel. Las desigualdades pueden acentuarse aún más cuando intervienen elementos ajenos al mero rendimiento físico del individuo. Hablamos, sobre todo, de los deportes de motor que exigen, además, altísimos presupuestos y una avanzada tecnología sólo al alcance de los más privilegiados.

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Las diferencias pueden ser tan grandes que una moto de dos tiempos nunca podrá ganar el Mundial ante las de cuatro tiempos o los Minardi, por poner un ejemplo, nunca podrán ganar a los Ferrari en la Fórmula 1. Esto no va en demérito de los pilotos, pues los mejores están en las escuderías punteras, pero sí da lugar a que Fernando Alonso diga que si condujera el coche de Schumacher posiblemente sería campeón del mundo. No es una bravuconada, no. Desde luego lo que es seguro es que Schumacher no sería campeón a los mandos de un coche de bajo presupuesto.

Y es que en los deportes de motor no sólo gana el piloto, sino también la escudería que saque del coche lo máximo que permite el reglamento. Esto se ha acabado en las World Series. Nissan pone los motores y Telefónica, el presupuesto. Bólidos que superan los 300 por hora y que son idénticos para todos los pilotos. A ninguno se le exige dinero, al contrario de lo que sucede en la Fórmula 1. Las escuderías tienen libertad para elegir a sus pilotos, que salen de entre los más destacados en las categorías inferiores. Un magnífico proyecto para crear cantera y para que gane el hombre, no la máquina.

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