Enésima crisis entre Checa y su escudería
El piloto catalán criticó a Yamaha tras el GP de Italia: "Mi moto no corre un carajo y se rompe. Ya no aguanto más"
Matrimonio de conveniencia que no de amor. En eso se ha convertido la relación entre Carlos Checa y el equipo oficial Yamaha, sobre todo tras el último episodio de crisis en el GP de Italia. El piloto de San Fruitós tenía muchas expectativas para la carrera de Mugello, pero ni siquiera consiguió subir al podio.
¿Sus argumentos? Ahí van, porque no tienen desperdicio: "Mi Yamaha no corre un carajo y se rompe. Ya no aguanto más. No entiendo por qué la moto de Max corre más y no se para. No sé qué coño hacen. No es normal la manera en la que me ha pasado Biaggi y encima teniendo yo el rebufo de Rossi. No quiero ser el niño de la mala suerte. Esto es técnica y me dan unos motores que se rompen, pero los de mi compañero van bien. No creo que esto sea sólo mala suerte. Si Yamaha quiere aspirar a más conmigo tendrán que esforzarse y si sólo quieren ir con Max que lo digan. Quiero resultados ya."
Enésimo capítulo, por tanto, de las crisis reiteradas de Checa en su escudería. La historia es tan cíclica como recurrente. El catalán echa pestes de Yamaha, en Japón parecen temblar los cimientos del Imperio, los ingenieros de ojos rasgados intentan reaccionar, se especula con cierta mejoría... y vuelta a empezar. Así ha venido sucediendo durante las últimas temporadas, casi desde que Carlos se incorporó a la marca de los diapasones tras abandonar el equipo Honda-Pons.
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Lo peor del caso es que el callejón no parece tener salida para Checa y el tiempo pasa sin que su vaticinado despegue se produzca. Ganó su última carrera hace ya cuatro años (Jarama 98) y las promesas incumplidas se repiten sin que él tampoco se decida a buscar una solución definitiva a sus reivindicaciones.
Además, en una situación tan tensa se antoja poco probable que Yamaha esté dispuesta a satisfacer tales demandas, así que la salida del español del equipo no debería demorarse más allá de esta campaña. Porque su crédito, con o sin argumentos, se agota. Y él lo sabe.
