Gwangju es el Bernabéu
Se acabó la teoría, pasemos a la práctica. Lo dijo Camacho en la lección magistral a los periodistas: "Todos estos sistemas están muy bien, pero si el jugador no pone lo que hay que poner, no valen para nada". Ahí está la clave, en la disciplina, en la ejecución de lo que han hablado durante diez días en Ulsan. No se trata de encorsetar la fantasía, se busca la racionalidad y la lógica en cada movimiento. Es decir, ni perder el balón ni perder el tiempo.
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Otra de manual: temple, valentía y al toro en corto. Camacho lo dice en las charlas: "Aquí estamos y aquí morimos". Se trata de mantener el ritmo cardíaco, de sentir las piernas y entender que Gwangju es el Bernabéu. España viene aquí a imponerse, no a someterse. Eslovenia tiene que sentir pánico a los quince minutos, si no antes. Presionar, presionar y presionar para entrar a matar.
Todo se ha visto en vídeo, todo se ha estudiado en la pizarra. Ahora despejemos los complejos. El síndrome del primer partido es un fantasma peligroso. Cuando se ha estudiado bien no hay por qué temer al examen. La psicología del futbolista es un misterio por descubrir. Pero no será hoy en Gwangju, aquí se va a acabar el tembleque. Aquí España debe dar el primer golpe en la mesa. Si ocurre lo contrario, tiraríamos por la borda la fe en nuestro fútbol. El duelo hay que afrontarlo sin temores ni complejos pese los traumáticos accidentes históricos. España es superior y lo tiene que demostrar para empezar con paso decidido el Mundial. Ha llegado la hora de poner al mismo nivel los éxitos de la Selección y el de los clubes españoles.