Reflexiones desde Seúl
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Echo de menos Ulsan y el ambientillo del centro de prensa junto al hotel de concentración del equipo nacional. Desde Seúl las cosas se ven con más frialdad. Y tengo que decir que soy más optimista aquí que allá. Me explico. Saliendo de los calentones de Camacho, veo con más claridad las posibilidades reales de hacer algo grande en el Mundial. Otra cosa, como diría el seleccionador, es que nos marquen un gol por la escuadra en el último minuto y acabe el sueño. Pero eso le puede pasar a cualquiera. Yo hablo de otra cosa. Hablo del potencial real de un equipo compensado y con ambición.
Seguro que el director de éste periódico y muchos de ustedes pueden estar pensando ahora que estoy muy bizcochón. No me nubla la pasión. Hace tiempo que no veo tanta unanimidad en los jugadores a la hora de apostar por llegar a la final. Pese a ciertos encontronazos, también hace tiempo que no percibo tanta colaboración entre los medios de comunicación y las vacas sagradas del combinado. Si a eso añadimos el momento dulce de Valerón o Baraja, la experiencia de Hierro y Luis Enrique y la ambición de Raúl, Casillas o Puyol, tendremos un explosivo cóctel que nos hace ser optimistas. Estén atentos a la pantalla. Puede haber alegría.
