Cipollini camina hacia la historia
Pasaron los Dolomitas y Cipollini los superó. Buena noticia. Así tiene más posibilidades de alcanzar el récord absoluto de victorias en el Giro. Lleva 38 y la plusmarca la tiene Binda en 41, conseguida entre 1925 y 1933. Batir un récord siempre es motivo de satisfacción, porque supone la excelencia del deporte. Y récords como éste de victorias en la historia del Giro no son fáciles, pues ahora hay más competencia. Binda, por ejemplo, llegó a ganar 12 etapas en 1927, algo impensable en nuestros tiempos, aunque sólo sea porque el trazado actual del Giro no permite tantas llegadas al sprint.
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Tenemos el caso de esta edición. Ya se ha acabado la montaña, pero la meta de hoy está después de un trazado ligeramente quebrado. Es poco propicia para Cipollini. La de mañana tampoco le vale: es contrarreloj. Le queda la última, esa sí, dibujada para que Cipollini gane. Sería su victoria número 39, a dos del récord. Tendría que esperar al próximo año para superarlo, pero ya sí que lo tendría al alcance. Sería una proeza y la mejor recompensa a su regularidad e inagotable rendimiento, pues mientras Binda cosechó sus victorias en un período de nueve años, Cipollini las habría acumulado en quince.
Que un ciclista se mantenga en la cumbre tanto tiempo es encomiable. Y desecha cualquier posibilidad de que continuamente se esté metiendo la química de los fármacos prohibidos en su cuerpo. Su hígado ya habría reventado. Cipollini practica un hábito mucho más saludable. Sólo compite al 100% cuando puede ganar. El resto de los días corre al tran tran, casi entrenándose. Lo vimos en los Dolomitas. El miércoles perdió más de 25 minutos y ayer, 36. Va a llegar a Milán a casi dos horas y media del vencedor. Él se conforma con las victorias parciales. Ellas le han convertido en un grande.
