Símbolos de vida
Tan sólo hacía tres días que habían salido para intentar subir por el Pilar Oeste a la cima del Makalu, pero los espectros que escapaban de la niebla y la nieve hacia las tiendas del campo base se parecían bien poco a nuestros amigos. Cuando salieron las previsiones del tiempo era buenas, la vía estaba completamente equipada con 3.500 m. de cuerda; la aclimatación era excelente después de haber subido ocho veces desde el campo base a los 6.500 metros del campo 2 de un tirón y casi 30 días de actividad en la montaña.
Había sido un trabajo agotador que nos hacía ser muy optimistas y sentirnos tranquilos porque siempre hemos pensado que no hay que rebajar ni la altitud ni las dificultades de las montañas sino ponerse a su altura. Ya sólo quedaba esperar unos días de buen tiempo. ¿Era mucho pedir tres días de buen tiempo después de estar sufriendo más de veinticinco días de mal tiempo?. No tuvimos esa deseada suerte. Aunque parezca mentira, lograron salvar los mil metros de desnivel y alcanzar el campo 3, a 7.350 metros de altura, en medio de una tempestad que apenas nos permitía entenderles por el talkie.
Y todo para comprobar algo que ya intuíamos desde el principio: que allí sólo quedaban los restos de lo que había sido nuestro campamento, y que la montaña ya no nos iba a permitir seguir hacia arriba. Afortunadamente el día siguiente también amaneció malo. Afortunadamente, porque hubiera sido muy duro bajarse mirando hacia atrás con un cielo radiante.
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Ahora, mientras empaquetamos y pensamos en la vuelta, es el momento de la reflexión sobre la escalada que hemos hecho. No hay nada de que arrepentirse. No estamos desanimados. Ferrán Latorre me dice que escriba que él está desconcertado. En ninguna otra montaña hemos trabajado tanto ni hemos actuado tan inteligentemente como en ésta. El grupo ha sido un verdadero equipo de amigos a la antigua usanza, trabajando para todos con una visión individual pero sin olvidar la perspectiva colectiva. ¿Habrá un sitio para una nueva expedición al Pilar Oeste? Es muy pronto aún para decidirlo. Quizás nos sintamos un poco fuera de moda persiguiendo esas grandes rutas que, a principios de la década de los setenta revolucionaron el alpinismo que se estaba haciendo hasta entonces. Aquellas grandes paredes, aquellos viejos sueños, con la ética de los nuevos tiempos.
Nada de lo nos que ha pasado en esta expedición nos ha hecho pensar que estemos equivocados sino todo lo contrario. Como Marlow, el protagonista del Corazón de las Tinieblas, podemos decir de nuestra expedición al Pilar Oeste del Makalu: "Hay viajes que parecen destinados a mostrarnos qué es la vida: son, por tanto, como un símbolo de la existencia". No lo olvidaremos.