Sargento Katanec
El seleccionador de Eslovenia dirige con mano de hierro a su equipo. Sus entrenamientos son verdaderos másters en autoridad y disciplina militar.

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Todavía conserva el seleccionador esloveno Srecko Katanec sus trazas de tallo longilíneo. Y las mismas dotes de mando con las que se hizo un nombre como jugador de la Sampdoria de principios de los noventa. A la legua se aprecia el respeto que le infunde al grupo. "¿Quién es el jugador más importante de Eslovenia"?, pregunta una redactora gráfica estadounidense un tanto desorientada. Entre risas, un colega esloveno responde que "Katanec". Todo gira en Eslovenia en torno a este personaje al que su pronunciado mentón y sus pómulos y ojos hundidos le realzan el rictus de hombre distante al que todos sus futbolistas obedecen y temen. Y con razón. Ni el mismo Zahovic, la estrella de esta selección que se ha llevado dos rapapolvos en dos días, es capaz de ponerle una mala cara. La primera llamada de atención le llegó al ex del Valencia por llegar tarde al autocar tras atender a la Prensa. El segundo, durante el entrenamiento de ayer por no seguir una jugada. No siente condescendencia por él, pese a sus dolores de riñones, de los parece recuperado, al igual que Rudonja de su gripe.
Los entrenamientos de Katanec son verdaderos másters en autoridad. En ellos es normal verle correr liderando el grupo en las vueltas de calentamiento. Corrige, grita y todos callan. El grupo cree en él por lo que fue como futbolista y por lo que ha logrado como seleccionador, llevando a Eslovenia a la Eurocopa de 2000 y a este Mundial.