Gentes que aman el ciclismo
Tres horas largas de debate en la Fundación Ferrándiz y una conclusión: la gente del ciclismo quiere a su deporte como pocos. Ahí estaban todos: directores, organizadores, federativos, ex ciclistas, gente profesional y aficionada. Cada uno contando su dilema, cada uno aportando sus soluciones. El problema está ahí: una crisis que se alimenta de una leyenda negra como es el doping. Que conste que el doping no es el único asunto que preocupa. Es sólo uno más. Existe, pero como en muchos más deportes. La ventaja del ciclismo es que ahora todos quieren luchar contra esa lacra.
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Hubo una frase, la de Víctor Cordero, secretario general del Consejo de Ciclismo Profesional, que permite ver la luz al final del túnel: "Tú y yo tenemos que ir juntos para conseguir una meta, la que sea. Tú no puedes ir contra mí para conseguir algo, porque tu problema también es el mío". Se refería a Vicente Belda, director del Kelme, pero esas palabras podían ir dirigidas a cualquiera otra persona del mundo ciclista. Hay que unir fuerzas para levantar al ciclismo de nuevo, para no dejarlo al pie de los caballos en estos tiempos que han convertido al ciclismo en sinónimo de deporte sucio y tramposo.
Los culpables de la situación no son fáciles de identificar. Todos y ninguno. Tanto doping ensucia el ciclismo, pero las filtraciones no ayudan precisamente a limpiarlo. Un ciclista da positivo y a las pocas horas ya todo el mundo lo sabe. No se espera, como mandan la reglamentación y la ética, a que se haga el contraanálisis. La filtración vulnera cualquier presunción de inocencia. De esta manera, el ciclismo siempre está bajo sospecha, como si ya no tuviera bastante con los macutazos que tanto se dan en este deporte. Del debate salió, al menos, un compromiso: salvar el ciclismo a cualquier precio.
