No existen fantasmas
El seleccionador equivocó el orden de sus intervenciones. A las doce de la mañana desataba toda su furia contra el pesimismo que transmite la Prensa por el pobre papel de los nuestros en los dos bolos coreanos. Hora y media después daba una lección magistral de cómo debe desarrollar su trabajo un entrenador, utilizando todo lo que la tecnología informática y audiovisual pone a su disposición y demostrando, de paso, que es un estudioso del fútbol y sus sistemas. Si hubiera empezado por ahí, nos habríamos evitado la bronca desagradable. Pero si no unimos ambas cosas, no sería José Antonio Camacho. Bien es cierto que se conoce más su cara arisca y contestataria que la de empollón del fútbol que mostró minutos después.
Noticias relacionadas
Nuestro compañero Pedro Pablo preguntó con respeto y el míster respondió de una tacada a su pregunta y a todo lo que había leído en los resúmenes de prensa. Como un toro desbocado, cargó injustamente generalizando. Es más, dudo que ningún periodista haya venido a Corea con la idea de fastidiar de forma premeditada. Ni a la Selección, ni al seleccionador. Seguro.
El zafarrancho en la sala de prensa sirvió para que, poco después, nos mostrara su cuaderno, que no es de anillas ni se parece en nada a otro tan famoso como el de Louis van Gaal. Es un cuaderno con forma de ordenador, donde se apunta hasta el más mínimo detalle, donde se estudia milimétricamente desde los balones parados hasta el saque de puerta que realiza el portero de cada equipo rival. Con el calentón, José Antonio se abrió de capa. Mucho mejor.
