Ciclismo | 12ª etapa

Ciao Simoni

El Giro le invitó a marcharse un día después de su triunfo en Campitello Matese. Ayer venció un modesto, Lunghi, mientras el pelotón sesteaba o rumiaba sus culpas.

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Lo peor de todo, lo más desconcertante, es no saber quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Sucede cuando la corrupción es tan grande que pasa de enfermedad a rutina. El ciclismo está malherido y nadie sabe de dónde vienen las balas, quizá porque vienen desde todos los sitios, y nadie sabe tampoco cómo tapar la herida o si sería mejor dejar correr la sangre para volver a empezar de nuevo, como el Gatopardo que quiso cambiar completamente para seguir exactamente igual que siempre, que antes. Sólo hay un problema, el ciclismo, amarlo, los cuatro que van limpios.

Gilberto Simoni, último ganador del Giro, no tomó ayer la salida por "recomendación" del director de la carrera, Carmine Castellano. El pasado miércoles se supo que había dado positivo por cocaína en un control por sorpresa realizado semanas antes del Giro. Nadie consideró entonces que debía retirarse, ni siquiera la UCI. Sin embargo, ayer, un día después de su victoria en Campitello Matese, Simoni recibió de Carmine una oferta que no pudo rechazar, largarse, quizá pensando que el expulsado será más dócil con un triunfo debajo del brazo.

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Porque cada vez que nos sacudimos las pulgas y regresamos a la normalidad, surge algo que vuelve a mancharlo todo, como si estuvieran empeñados en que dejáramos de creer a fuerza de no poder olvidar. Es difícil saber si la salvación del ciclismo profesional pasa por Garzón o Sigmund Freud, es probable que por ambos, pero nadie, y menos aún el doping, que es su antítesis, podrá nunca con la esencia de este deporte: ir al encuentro del dolor y vencerlo.

Eso mismo fue lo que hizo ayer un niño llamado Lunghi, un don nadie que se escapó primero en grupo y luego en solitario, bajo un diluvio, en un terreno rompealmas. Ese chaval casi anónimo, demacrado por el sufrimiento y no por el biomanán, no pudo articular una palabra en su primera entrevista en televisión: sólo pudo llorar. Y no viene mal llorar un poco. Las lágrimas, de momento, no dan positivo.

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