500 millas de pasión
Los pilotos buscan la gloria del triunfo y un premio de 1,6 millones de euros.
Entender, sin ser americano, lo que representan las 500 Millas de Indianápolis quizá no sea fácil. Por eso, lo mejor es que los datos nos ayuden a salir del atolladero: 350.000 espectadores asistiendo a la carrera en vivo, la cadena de televisión ABC transmitiéndola en directo, un impresionante circuito oval de 2,5 millas, 200 vueltas en pos de la victoria, un premio de 1,6 millones de euros para quien la consiga, una tradición de 85 años, un prestigio que no conoce fronteras...
Argumentos suficientes para justificar que por el ovalo de Indianápolis hayan pasado algunos de los grandes nombres del automovilismo deportivo, tanto de dentro como de fuera de los Estados Unidos. Seguramente no conozcamos a los precursores, a los que se lanzaron a la búsqueda de la gloria ya en aquel lejano 1911, pero sí otros nombres que dan relumbrón a la cita anual: Jim Clark, Graham Hill, Al Unser, Bobby Rahal, Emerson Fittipaldi o Jacques Villeneuve.
La prueba no es valedera para el certamen principal de monoplazas del país, la CART, pero eso es lo de menos. En la Indy, que se ha quedado como una categoría menor, se corre con coches que también tienen su salsa. Sobre chasis Dallara y G Force se montan propulsores Chevy de ocho cilindros en V, con 3,5 litros de cubicaje y una potencia de 700 CV. No hace falta más para que los pilotos vuelen en las curvas peraltadas del trazado, siempre gas a fondo hasta conseguir promedios de vuelta rápida por encima de los ¡380 km/h!.
Y todo con el aderezo de cuanto rodea a lo que se convierte en una gran fiesta del motor. Desfiles de pilotos, exhibiciones de coches de época, carreras de motocross, visitas al Hall of Fame, actos benéficos, presencia de los aficionados en boxes... Entretenimiento al más puro estilo Made in USA.
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En lo puramente deportivo, Helio Castroneves defenderá su título del pasado año, con unos pronósticos muy abiertos tras lo visto en los entrenamientos. El ganador del 2001 saldrá desde el 13º puesto de una parrilla que encabeza otro brasileño ilustre, Bruno Junqueira.
Pero como siempre en esta competición, las diferencias entre los hombres de cabeza son mínimas y todo puede pasar en una carrera de más de 800 kilómetros. Sin olvidar, desde luego, los aparatosos accidentes en cadena que suelen propiciar las cerradas pugnas en grupo. Lo dicho: esto es América.
