Ciclismo | 11ª etapa

Enseñó los dientes

El italiano Gilberto Simoni, del equipo Saeco, volvió a acaparar el protagonismo en la undécima etapa del Giro de Italia, aunque en esta ocasión fue por ser el primero en la cima de Campitello Matese y no por asuntos de dopaje como ocurrió en la jornada anterior.

<B>DE SOSPECHOSO A HÉROE.</b> Gilberto Simoni celebra su victoria después de superar en la línea de meta a Francesco Casagrande.
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En Italia a las niñas ya no las visten de rosa por si dan positivo, que cualquier día vemos a una rubia con trenzas subir en triciclo el Mortirolo. Yo creo que la culpa de todo la tienen los colores (el color con que se mire, más bien) y el rosa siempre fue un color de rubor culpable.

De hecho, los últimos campeones del Giro (Gotti, Pantani, Garzelli y Simoni) tienen muertos en el armario. Que si el dentista, que si una Mirinda en mal estado, lo que quieran, pero al final soplan y se dispara el aparato, con la diferencia de que la UCI no es la Guardia Civil y te castiga con tres avemarías, porque esto del doping les parece a ellos como faltar al sexto mandamiento: aunque quieras resistirte, al final, caes.

Sombras aparte, Gilberto Simoni venció ayer en Campitello Matese como lo hace un gran ciclista, atacando y ambicioso. Con un poco más de fuerza parecería un campeón. Gibo (para los amigos) superó en la línea de meta a Casagrande, el gafe, que se pasó la ascensión chupando rueda y al final esprintó como un condenado (a perder). Fue una victoria para ajustar cuentas, para salir al paso de las acusaciones, enseñando los dientes, para que se vieran bien las fundas y los empastes, que el dentista le ha salido muy caro.

El puerto final, que se anunciaba medio blandito, hizo daño. En plena subida, y después de algunos disparos de fogueo frenados por el viento de cara (Pérez Cuapio, Verbrugghe), Simoni se decidió a atacar. Sólo le siguieron Casagrande y Aitor González, aunque el español terminó por ceder.

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La pareja de aspirantes cruzó la meta en mini volata, pero lo cierto es que no consiguieron poner tierra de por medio con el grupo perseguidor, que llegó a cuatro segundos. Allí estaban, entre otros, Frigo, Pellizotti (ojito con él) y el eterno Escartín. Aitor González sólo perdió once segundos; Gárate, Savoldelli y Belli, 18.

Conclusión: Simoni y Casagrande son los más fuertes, pero tan levemente que se anuncia un Giro apretadísimo. Y si ya se empieza a acusar el esfuerzo, la gran montaña puede provocar una verdadera escabechina. Los españoles están bien colocados, buena noticia, porque esto es un jardín en el que un día eres cardo y otro, rosa.

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