Un positivo va a misa
A Simoni le detectan coca y dice que es que ha ido al dentista, a Baumann le encuentran un fármaco prohibido y dice que es que venía en la pasta de dientes, a David Martínez le pillan anabolizantes y dice que es que debía estar en la chuleta que se comió, a Mitchell le hallan demasiada testosterona y dice que es que había pasado una noche loca, a Guardiola le descubren nandrolona y dice que no tiene conciencia de haberla tomado, etc. Les sancionan en base a una prueba que está ahí, en los análisis, pero recurren y como tengan un buen abogado, el castigo se queda en algo testimonial.
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Y no dejan de tener razón. Un juez no condena si no tiene la certeza absoluta de la culpabilidad del reo. Me decía Cecilia Rodríguez, subdirectora del Consejo Superior de Deportes y una eminencia en cuestión de analítica antidoping: "La posibilidad de inocencia en un caso positivo es real. Por pequeña que sea, existe. Las posibilidades pueden ser de una entre un millón, porque tiene que darse la casualidad, además, de que el afectado sea un deportista de élite y que sea sometido a control. Pero puede ser. Y a esa posibilidad se agarran los inculpados.¿Quién les puede negar su derecho de presunción de inocencia?"
Esta es una puerta abierta a la que se agarran los deportistas. Es difícil que alguien acepte su culpabilidad. Y eso que la doctora Rodríguez asegura que cuando aparece un positivo es que no hay la menor duda de que el reo ha ingerido la sustancia en cuestión. Ahí sí que no tiene la más mínima duda: "Yo no sabré cómo ha llegado a su cuerpo, pero que en su organismo hay un fármaco que está en la lista de productos prohibidos, eso va a misa". Esta evidencia, sin embargo, no es a veces suficiente ante la justicia para sancionar al tramposo. El estado de derecho, y su desvergüenza, juegan a su favor.
