El protegido de Cruyff
Su buena relación con el creador del Dream Team ("Tú sigue así, chaval, que llegarás lejos", le dijo el holandés) le costó su salida del Barcelona en edad juvenil.

Como casi todo buen futbolista, Alberto Luque, tiene un pasado complicado y duro en ese mundo de envidias y celos llamado fútbol base. Su nombre se asoció durante mucho tiempo al de Johan Cruyff, al del Dream Team del Barça. Sin embargo esa relación le costó un frenazo decisivo a su fulgurante carrera.
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La vinculación de este egarense (Terrassa, 1978) con el Barcelona venía de lejos. Dio sus primeros pinitos futbolísticos en la Peña Barcelonista Les Corts en edad pre-benjamín. Agustín Mellado le cogió del brazo y pensó en hacer de él un buen futbolista: "De pequeño ya apuntaba muy buenas maneras". Las otras maneras, las de la educación, se las inculcó Rafael, su padre. El señor Luque cogía el coche cada día desde Terrassa y recorría la veintena de kilómetros hasta un campo anexo al cementerio de les Corts. "Nos metimos en la cabeza que podía ser muy bueno, por eso luego lo pasamos tan mal", reconoce. Tres años en la peña le permitieron dar el salto al Barça. Desde alevines hasta el primer año de juveniles. "Hicimos muy buena amistad con Tony Bruins (ayudante de Cruyff). Johan vio jugar al chaval y quedó encantando ("Sigue así chaval, que tú llegarás lejos", le dijo). Nuestra amistad no gustó en los responsables de la base...". Les hicieron la vida imposible y se lo quitaron de encima.
Afortunadamente, Mellado pudo echarles un cable. Les acogió en la prestigiosa escuela Ferran Martorell (ex presidente del Espanyol) y allí volvió a despegar. De Mallorca a la Selección y de la Selección, directo al Mundial de Corea.