Yo digo Manuel Esteban

El atlético José Tomás

Manolete
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Yo ayer también tuve la oportunidad de vivir mi Champions particular. De La Morena me invitó a Las Ventas y pude ver al más grande. José Tomás, que rezuma sangre rojiblanca por toda sus venas, volvió a abrir la puerta grande. Su faena al quinto toro asombró a todo el mundo y demostró que aunque en el fútbol el Atlético haya estado en el infierno, en cuestión de arte y torería somos los mejores.

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Ver a José Tomás es como sacarse una entrada para tocar el cielo con las manos. Su cadencia, la lentitud de sus naturales, la hondura de sus derechazos, la ligazón de su faena, la sabiduría de sus trincherazos y el estocadón con el que remató su obra de arte no se me va a olvidar nunca. Está en un plano muy superior a lo que me haya podido dar el mundo del fútbol. A veces me cuestiono si los toros no son realmente lo mío.

Yo nunca he salido de un estadio haciendo la bicicleta de Leivinha, pero ayer me acosté intentando dibujar al gunos de los muletazos de José Tomás. Un recuerdo imborrable. Los atléticos, por fin, podemos sacar pecho con toda justicia y, desde luego, se merecen un homenaje superior al que se le pueda dar con una visita a Neptuno. Es como para temblar, pensar en la gloria que sería tener en el Centenario a José Tomás como una pieza maestra.

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