España dicta doctrina e Italia la aplica
España, con eso de la presidencia de la Unión Europea, predica sobre el doping pero no da ejemplo. Italia, en cambio, en vez de impartir doctrina la aplica. No hay más que ver lo que está ocurriendo en el Giro y con los procesos abiertos sobre sus ciclistas. También podemos pensar una cosa: que los únicos tramposos son los italianos y los nuestros son unos santos. Puede ser, y no hay pruebas que demuestren lo contrario. Pero cada uno es muy libre de pensar lo que quiera, y el ministro italiano de Sanidad, Girolamo Sirchia, no se cree que los únicos malos de la película sean los suyos.
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Sirchia ha sido muy claro al asegurar que la ley italiana penaliza a sus deportistas frente a competidores de otros países sometidos a normas menos rígidas. Y llega aún más lejos al decir que resulta inútil que un solo país, el suyo, tenga normas muy severas contra el doping cuando los productos prohibidos en Italia están fácilmente disponibles en farmacias de naciones vecinas. Estas acusaciones las hizo cuatro días después de que España reuniera en Almería a los ministros de Deportes de la Unión Europea para hacer unas conclusiones conjuntas en las que se solicitaba la tolerancia cero en el doping.
Pues en Italia no se creen que la tolerancia cero se lleve a la práctica en la mayoría de los países que firmaron esa declaración conjunta. Por eso lo denuncia Sirchia. Y lo hace después de que las leyes italianas no dudaran en condenar al mismísimo Pantani y de que hayan puesto a Garzelli, su otra nueva estrella, a los pies de los caballos. Esto sí que es predicar con el ejemplo. No es que en España exista permisividad con el doping, pero desde luego no se emplean los mismos sistemas para combatirlo. Por eso simplemente aparecen menos positivos. Y es lo que molesta sobremanera en Italia y en Francia.
