Segunda | Recreativo

El amuleto de Lucas Alcaraz dio resultado

Es una medalla de la Virgen de las Angustias que era de su abuelo.

<B>HERENCIA</B>. Alcaraz sacó de su abuelo y su tío su pasión por el fútbol.
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Achuchaba el Xerez y la grada, toda vestida de Huelva, no se atrevía ni a respirar. Y Lucas Alcaraz, desde la banda, apretando con su mano izquierda la medalla de oro con la Virgen de las Angustias, la patrona de Granada. Cuando Rubinos Pérez señaló el final, Lucas se metió la medalla en el bolsillo y salió como alma que lleva al diablo a abrazarse con su gente. El Decano estaba otra vez en Primera.

Con 35 años, Lucas Alcaraz, diplomado en Documentación, se acordó de su mujer, de su madre y, sobre todo, de su abuelo. Era José Manuel González, defensa que jugó en los aficionados del Real Madrid y en el primer equipo hasta un año antes del aterrizaje de Di Stéfano. González después hizo carrera en el Málaga y en el Granada. "Era tal el pundonor de mi abuelo —relata Lucas orgulloso— que una vez llegó a jugar 85 minutos con el dedo gordo del pie roto. La afición granadina le dio la medalla de oro de la Virgen de la Angustias, la misma que heredé cuando murió mi abuelo. La llevo siempre en todos los partidos".

Hijo de Felipe Alcaraz, portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, se tiró de cabeza al patinillo del fútbol, hipnotizado por la pasión de su abuelo y por su tío Manuel, defensa del Zaragoza de Los Magníficos. "Yo era el ojito derecho de mi abuelo. Me sabía de memoria todas sus batallitas. Me lo enseñó casi todo".

A los 35 años, Alcaraz coronó la cima que la mayoría anhela: entrenar en Primera. Atrás quedaron tres temporadas en el Granada, un paso doloroso por Almería, otro éxito en Dos Hermanas y su explosión en el Recre. En Huelva es dios este granadino de corte tímido y palabras rotundas. Lucas, para los amigos; el niño para el abuelo y, quién sabe, para la Virgen de las Angustias.

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Un completo enamorado del fútbol

Es tal la pasión por el fútbol que tiene Lucas Alcaraz que es capaz de cruzarse España en automóvil para ver a un futbolista del que antes le habían hablado. O simplemente para ver un partido de fútbol. En las duras y en las maduras. Lucas recuerda que cuando le destituyeron (de forma injusta y pelín arbitraria) en el Almería, un sábado, el joven técnico se guardó su dolor, se levantó de madrugada el domingo y se marchó en coche a Madrid para ver por la mañana un Móstoles-Getafe. Terminó el choque, un bocata para ir tirando y de nuevo tomar la carretera para presenciar por la tarde un Talavera-Ferrol, también de Segunda B. Alcaraz se conoce al dedillo la mayoría de las plantillas de Segunda B. O sea, los 80 equipos de la división de bronce. Dicen que es un fatiga del balón, pero él contesta: "A quien madruga, Dios le ayuda". Y puede que tenga razón.

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