El deporte amateur todavía existe
Unas amigas disfrutan este mes sus vacaciones de verano. Todas no se han juntado, porque hay alguna embarazada y como quedaron para jugar al rugby no es cuestión de hacer tonterías. Están en Cataluña y cuando juegan visten la camiseta de la Selección. Mal no lo hacen, ni mucho menos. Además, se lo toman en serio. En el primer partido ganaron 62-0 a las japonesas, que esas sí que están de vacaciones. Las nuestras, no tanto. En vez de irse a las playas de la Costa Brava, se entrenan todos los días. Por una vez que se juntan, prefieren aprovechar el tiempo haciendo lo que más les gusta.
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Ellas, las jugadoras de la Selección española de rugby, practican un deporte que todavía existe: el amateur. Al menos a su nivel, que es el de aquí. Aquí, por no tener, no tenemos ni liga nacional femenina porque los clubes, apenas medio centenar, no pueden soportar los gastos de desplazamientos ni de organización. Cuando llegan los compromisos internacionales, como el Seis Naciones o esta Copa del Mundo que juegan ahora, la Federación recluta a las mejores, si puede, que no a todas les dan permiso los viernes para viajar o no quieren dejar a sus hijos los fines de semana, que es cuando les ven.
Esta situación no es exclusiva de España. Por eso nuestras jugadoras han ganado un Europeo y han quedado tres veces subcampeonas. Inglaterra es el único país del continente que empieza a tomarse en serio el rugby femenino y esa es la pega. Hoy nos toca jugar los cuartos de final contra las inglesas. No es que sea imposible ganar, como sucedería en un partido masculino, pero es muy difícil. Tampoco es que aspirásemos a ganar la Copa del Mundo, que están las ultraprofesionales neozelandesas (117-0 metieron a las alemanas), pero por ser tan amateurs hasta nos ha tocado un difícil cruce.
