Liga de Campeones | El gol del año

Radiografía de una volea perfecta

Su gol fue todo un prodigio de técnica, elasticidad y cualidades físicas, acompañado de un perfecto movimiento de brazos para mantener el equilibrio.

<B>LA PIERNA, HORIZONTAL AL SUELO.</B> De haber elevado más el ángulo de su pierna, el balón hubiera ido alto.
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La técnica en el fútbol es el cúmulo de acciones que un jugador realiza con el balón. Cuando los movimientos son perfectos, alcanzan una expresión mágica. La técnica de Zidane, unida a su creatividad, talento y cualidades físicas, permitieron ver en la final de la Champions uno de los goles más bellos de su historia.

Zidane, situado en el interior del área, a 15,8 metros de la portería, recibió el balón desde la banda izquierda, donde había salido de la bota de Roberto Carlos a unos 90 kilómetros por hora. Le llegó con un ángulo aproximado de 65º con respecto al suelo. El remate no era nada fácil, todo lo contrario. Zidane tuvo que inclinar la pierna de apoyo, la derecha, 40º para poder obtener una distancia amplia desde su cadera hasta el punto de golpeo y obtener una velocidad alta en el momento en que se produjera el contacto de su pie con el balón. La posición corporal era complicada para que el remate fuera efectivo.

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Para ello tuvo que flexionar en el aire su pierna de golpeo instantes antes del disparo, para aprovechar de esta manera la fuerza elástica generada por esa flexión previa a la contracción muscular y poder imprimir una mayor fuerza angular en el instante del remate. Éste resultó singular, fuera del alcance de otros muchos jugadores. La pierna, en los instantes anteriores al disparo, fue de atrás hacia delante siempre en posición horizontal al suelo. De haber elevado un grado más la pierna, el balón hubiera salido por encima del larguero. Aprovechando su protección de tibia y de sus botas realizó un movimiento de cuchara, un movimiento envolvente con el objetivo, en una acción rápida y complicadísima, de dar la dirección adecuada al balón.

Como un bailarín. La acción fue acompañada de un perfecto desplazamiento de brazos para mantener el equilibrio antes, durante y después de la ejecución del remate. Tan complejo movimiento, hecho en décimas de segundo, es sólo posible en un jugador que combina técnica, potencia, elasticidad, agilidad y fuerza, en una acción comparable al que de los mejores bailarines de danza. El resultado fue un precioso gol, que nació de un remate con el ángulo y la velocidad precisas, propias de un jugador de excepcionales cualidades.

La gran aportación de Zidane al fútbol es que, cuando parecía que ya no podían aparecer muchas más alternativas técnicas, él las amplía en cada partido. Por eso es un genio, porque hace gestos técnicos fuera del alcance de la mayoría de los futbolistas aunque lo intentaran una y otra vez. Zidane es único.

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