Y Zidane besó a la Diosa
El Madrid rompió el pacto y se subió a la fuente. Zidane quedó maravillado de La Cibeles: "El primer año en el Real Madrid ha sido muy bonito para mí".

Parece como si la cara de Zidane se hubiera petrificado. Desde el miércoles, desde ese glorioso minuto 45 en el que su volea quedó inmortalizada como uno de los mejores goles de la historia, su gesto registra una sonrisa perenne. Zizou sonreía y sonreía ayer a cada paso que daba por las calles de Madrid. Lo hizo al llegar al aeropuerto, lo repitió en la Comunidad, en el Ayuntamiento, en el umbral de la catedral de La Almudena... Hasta que todo se paró. El Madrid llegó a La Cibeles y Zizou quedó finalmente impresionado. Con una bandera anudada a su cuello a modo de capa, Zizou alcanzó la barandilla que protegía a la diosa y saltó hacia la fuente. Cogió la Copa de Europa, miró a La Cibeles y la besó..."Mi primer año ha sido muy bonito para mí y lo de hoy ha sido también muy bonito con toda la ciudad en la calle". Grande.
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Minutos antes, un enfervorecido Raúl había roto el protocolo para escalar la famosa fuente para tocar a su diosa preferida, en una imagen que se sigue repitiendo en los últimos años. Raúl subió y anudó la bufanda del Madrid a La Cibeles mientras una lluvia de confetti rojo y amarillo caía sobre su cabeza: "¿La décima? No. Yo ahora a por lo que voy es a por el Mundial. Todos estamos muy contentos de estar aquí. Hemos conseguido el reto más importante que teníamos". Los jugadores fueron desfilando y besando a la diosa uno a uno. Solari, Iván Campo, Figo, Casillas, Makelele, Roberto Carlos (que quedó encaramado a la cabeza de uno de los leones que tiran del carro de la legendaria imagen)... Todos fueron desfilando alrededor de unos 50.000 hinchas que gritaban enfervorecidos "campeones, campeones".
Fueron veinte minutos de locura. Con medio Madrid jaleando a los campeones y con la buena noticia de que, por fin, no se registraron ningún tipo de incidentes durante la celebración, los jugadores del Madrid fueron abandonando la fuente para subirse al autobús que les llevaría al Santiago Bernabéu. Nadie quería irse. Todos volvían sus cabezas mientras Zidane seguía sonriendo: "He besado a la Diosa".