La hora de los valientes
Llega la montaña al Giro: primera meta en alto y un Mortirolo en miniatura.
Dicen los ciclistas que los músculos se acostumbran a la mecánica cadencia del llano y que sufren una descarga violenta cuando la carretera se dispara hacia arriba. Ni siquiera la cabeza puede prepararles para ese momento. Si ese cambio es una sacudida, es imposible imaginar una mayor que la que provocará la etapa de hoy.
Después de una semana de correr sobre olas, los ciclistas se acercan hoy, por fin en Italia, a los Alpes marítimos, el primer contacto con la montaña y la primera llegada en alto de las cuatro programadas. La etapa tiene una primera ascensión corta y mentirosa, un puerto de tercera. Luego 30 kilómetros para mascar la tragedia y de repente una pequeña montaña inédita en el Giro con la longitud de un callejón sin salida, apenas cuatro kilómetros. Esa trampa se llama el Colleto del Moro (el Collar del Moro) y no es un puerto, es una pared, un Mortirolo en miniatura con rampas de hasta el 16% en sus dos últimos kilómetros y una pendiente media del 13,2% (el Mortirolo tiene un 12,6 y el Angliru un 18%).
Es una subida corta pero suficiente para enterrar a algún favorito y dinamitar el pelotón. Será una cuesta asesina si alguien se atreve a atacar, porque quien corone en solitario se lanzará en una bajada de bobsleigh para afrontar la subida que conduce a meta, Limone Piemonte, de 14 kilómetros muy tendidos. Ojalá veamos allí una contrarreloj ambiciosa y desesperada.
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Hoy empieza otro Giro, el Giro, el de los valientes, los inconscientes, los locos y los españoles. Hoy empieza la montaña, no la más grande, no los tappones dolomíticos (dolo-míticos), pero hoy dicen que hay algo que se parece al Mortirolo y eso ya es para ponerse firme porque en aquel cementerio en punta Indurain atacó a Berzin desafiando a la montaña más cruel y torturando su cuerpo de gigante para demostrar que era valiente, lo único que quedaba por saber de él.
Aquel día de tanta gloria Indurain perdió, es curioso, igual que el mejor gol de Pelé fue uno que no metió. Son tipos raros los héroes. Hablando de héroes, hoy corre Pantani, el único que vio de cerca a Indurain aquel día inolvidable. No te mueras todavía maldito Pirata.