McEwen supera al rey por un tubular
Cipollini, perjudicado por la caída de su lanzador. Hoy, descanso.
Al rey de la exhuberancia ciclista le faltaron diez centímetros, y consuela comprobar que estas cosas le pueden pasar a cualquiera. Machoman perdió por un tubular, lo que equivale a una centésima de segundo, un parpadeo. Y si eso duele, quizá le dolió más perder ante Robbie McEwen, australiano con porte de ardilla (1,71 y 63 kilos). Y caer además por un golpe de riñón, suerte pélvica en la que Cipollini debe ser un maestro consumado y consumista.
"McEwen tiene el cuerpo de un bambino y se aprovechó de mi corpulencia para seguir mi estela y rebasarme en el último momento", explicó Cipollini, ligeramente molesto, pero tampoco mucho, como si un mosquito se hubiera estrellado contra sus gafas de sol.
Noticias relacionadas
A pesar de la indiferencia de Cipollini, McEwen no es un advenedizo. A sus 30 años ya ha logrado uno de los más honorables galardones para un sprinter: vencer en la última etapa del Tour. Fue en 1999. Sin duda, la mejor de sus 63 victorias. Quizá la única reconocida en su país, donde ciclismo y Tour son la misma cosa desde que en los 80 Phil Anderson, corredor con más dientes que un tiburón blanco, descubrió a los aborígenes nuevas formas de hacerse hombre. Pero esa es otra historia.
En la de ayer, la clave de lo sucedido estuvo en una caída a 20 kilómetros del final y en la que se fue al suelo, entre otros, Scirea, lanzador de Supermario. Tras la etapa, los ciclistas se trasladaron en avión a Cúneo, ya en Italia, donde hoy tendrán la jornada de descanso previa a la gran montaña. Hasta ahora todo fue mirarse. Mañana sabremos quién dispara primero y quién sale volando.