Burla infame
Dejarse ganar es una de las mayores infamias del deporte. Y si se tolera, porque razones de estado, de equipo, o de como se quieran llamar, así lo aconsejan, entonces ya no hablamos de deporte. Podremos hablar de una actividad con intereses comerciales y económicos que utiliza el escaparate del deporte como bandera. Y si, además, uno se deja ganar con descaro, esa ruindad se convierte en burla. Una mofa para los espectadores y un insulto a los rivales que se han jugado la vida. Como Sato, que acabó en el hospital, como Heidfeld, que voló por los aires, como Villeneuve, que se vio rodeado de llamas.
Noticias relacionadas
Lo curioso es que ayer toda esa afrenta se montó para que Schumacher sumara cuatro puntos más. De la victoria no hablamos, porque hasta al propio Schumacher le dio vergüenza subir al podio. Un borrón en su palmarés, pues si alguna vez se habla de que protagonizó el mejor arranque de la historia en una temporada de Fórmula 1 -lleva cinco victorias en seis carreras- habrá que leer la letra pequeña de cómo lo consiguió: frenando Barrichello, su compañero de equipo, en los últimos metros para que le adelantase. Quizá lo hizo con descaro para que se supiera la verdad. En los coches no es la primera vez que se recurre a las órdenes de equipo para proclamar un vencedor.
A Sainz le mandaron parar en el rally Acrópolis hace dos años para favorecer a McRae, no quiso y cuando le volvieron a decir que era una orden, la acató con desfachatez ante las cámaras de televisión. Algo parecido pudo hacer ayer Barrichello, que no disimuló su maniobra para delatar a Todt, el director de Ferrari, quien ya hace 13 años, cuando estaba en Peugeot, echó a cara o cruz quién de sus dos pilotos, Vatanen o Ickx, ganaría el Dakar. El premio a la persona más intrigante espera a este hombre.
