"La final de Glasgow fue el mejor partido de la historia"
No todo el mundo puede presumir de haber jugado una final de la Copa de Europa. Y mucho menos, de que le hayan metido siete goles en una de esas finales.

Exactamente, sólo hay una persona que puede presumir de ello: Egon Loy. Él era el portero del Eintracht Fráncfort en el Hampden Park el 18 de mayo de 1960. Loy tuvo la desgracia de toparse con Puskas, que le metió cuatro goles, y con Di Stéfano, que le metió tres. El Real Madrid ganó su quinto título continental y aquel 7-3 ha sido considerado por muchos como el mejor partido de la historia.
¡Menuda final la de aquel día, Herr Loy!
Un partido bueno para los espectadores que lo presenciaron, pero no tan bueno para el Eintrach y, sobre todo, no tan bueno para mí.
Retrocedamos 42 y dos años en el túnel del tiempo.
Habíamos eliminado en la primera ronda al Young Boys de Berna y en la segunda, al Wiener Sport Club. En semifinales nos tocó el Glasgow Rangers: 6-1 y 6-3. Ganamos por un global de 12-4. En aquellos dos partidos alcanzamos nuestro máximo nivel. Estábamos en lo más alto y creíamos que lo más difícil ya lo habíamos conseguido.
Y llegó el Real Madrid...
Al Real Madrid lo respetábamos porque había ganado las cuatro Copas de Europa anteriores, pero pensábamos que ya no era el gran equipo de antes. De hecho, la Liga española la había ganado el Barcelona
¿Menospreciaron al Real Madrid?
No, pero no imaginamos que nos fuéramos a encontrar con un rival tan fuerte. De hecho, nunca se habían metido diez goles en una final. ¡Fue el mejor partido de la historia!
Entonces apenas se televisiaban partidos. ¿Qué sabía de su rival?
Conocía, como toda Europa, a Di Stéfano, a Puskas, a Gento, a Del Sol, a Canario... Era más lo que se leía o se escuchaba de ellos, aunque yo a Di Stéfano lo había visto jugar en directo dos años antes. Fue un Alemania-España, en el Waldstadion de Fráncfort. Alemania ganó por 2-0.
Empieza la final y el Eintracht marca. ¿Qué pensó?
¡Ojalá se acabe aquí el partido!, me dije a mí mismo. Recuerdo perfectamente aquel gol de Kress a los diez minutos. ¡Pobre hombre! Kress es uno de los jugadores de aquel Eintracht que ha fallecido. Él, Höfer y Eigenbrodt. Meier, el extremo izquierda, está muy enfermo. Por desgracia, ellos no estarán el próximo miércoles en el Hampden Park.
Sí, porque les ha invitado la UEFA.
A todos los supervivientes de aquella final. Me ha hecho mucha ilusión. No me lo esperaba. Imagínese, el martes cumplo 72 años y es el mejor regalo de cumpleaños que me podían haber hecho.
Volvamos a la final: estuvieron ganando durante 17 minutos.
Sí, porque Canario llegó hasta casi la línea de fondo, centró y allí estaba, como siempre, Di Stéfano para empatar. Nos fuimos al descanso perdiendo por 3-1. Sin embargo, lo peor estaba todavía por venir.
¿Cómo les sentó la goleada?
Fue dura de encajar, pero nos resignamos en seguida, pues comprendimos que habíamos perdido ante el mejor equipo de todos los tiempos. No hubo enfado alguno.
Ni siquiera por parte de Oswald, su entrenador.
No, qué va. Nuestro entrenador estaba satisfecho. Más que con el resultado, con el juego, claro. Pero nos felicitó a todos, uno a uno, al acabar el partido.
Siete goles y tres tiros a sus postes, pero las crónicas destacan la labor de Domínguez.
Sí, el portero del Real Madrid estuvo muy bien. Era uruguayo, ¿no?
No, era argentino.
Ah, sí, el uruguayo era Di Stéfano.
No, Di Stéfano también había nacido en Argentina. El uruguayo era Santamaría.
Gran defensa Santamaría. Todo el mundo hablaba de los delanteros del Real Madrid, pero sus defensas también eran extraordinarios. Recuerdo, asimismo, a Marquitos. Era muy alto y muy fuerte.
¿Quién le impresionó más del Real Madrid aquel día?
Lo de Puskas fue excepcional, porque metió tres goles, pero el húngaro se aprovechó del marcaje especial que le hicimos a Di Stéfano. ¡Le hicimos un marcaje especial y gracias a ello sólo marcó tres goles! Di Stéfano era perfecto. Para mí era como un dios. No ha habido nunca otro como él. Ni siquiera Pelé. Jugué dos veces contra Pelé y no hay comparación posible. Pelé era un artista, pero Di Stéfano era un jugador de equipo. Bueno, él solo era casi como un equipo entero.
Y ahora, de nuevo el Real Madrid, de nuevo Glasgow y de nuevo un equipo alemán: el Bayer Leverkusen.
Como alemán, me duele admitirlo, pero no creo que el Real Madrid tenga problemas para ganar la Champions League. Veo todas las semanas partidos de la Liga española y el Real Madrid de ahora es un equipo increíble. Zidane, Figo, Raúl, Hierro, Roberto Carlos, Guti... Me encanta cómo juega. Creo que es el mejor de Europa.
¿No le concede crédito al Bayer?
Es un buen equipo, pero no está acostumbrado a ganar títulos. Además, las bajas de Nowotny y de Ze Roberto son un serio hándicap.
¿Hay comparación posible entre aquel fútbol y éste?
No. Es otra historia. El nuestro era un fútbol técnico; éste es un fútbol atlético por encima de todo. Los equipos, incluso los grandes, sólo juegan con un delantero. No se parece en nada, ni siquiera en los sueldos. Nosotros éramos semiprofesionales. Yo trabajaba en un banco para poder vivir. Salía del banco y iba a entrenarme. Fueron tiempos duros, pero los recuerdo con mucho cariño, porque me gustaba esa vida y por la camaradería que había. Ahora se pagan cifras escalofriantes. El fútbol ha dejado de ser un deporte para convertirse en un gran negocio solamente.
¿Admira hoy a alguien?
A Zidane. El único que hoy me recuerda algo a Di Stéfano es Zidane. Es prodigioso cómo maneja el balón.
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Por cierto, ¿volvió a enfrentarse alguna otra vez al Real Madrid?
Un año después de la final de Glasgow, viajamos a Cádiz para disputar un torneo Carranza. Estaba el Real Madrid, que eliminó al Stade de Reims de Fontaine. Pero a nosotros nos ganó 2-1 el Athletic de Bilbao y se frustró el duelo con el Real Madrid. ¡Fue lo mejor que me podía haber pasado!