Mirar la historia
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Le hemos mareado de un sitio para otro. Valdano, García Coll, Maroto y hasta el presidente han estado siempre alerta para que no le faltara de nada. Todo eso es loable, pero igual han faltado tres o cuatro citas clandestinas con la historia viva del club para que Zidane alcanzara a comprender la verdadera dimensión de un club centenario. Espero que el encuentro propiciado por AS haya servido para que el francés descubra la bondad en la mirada de Gento, el gesto pillo con el que también burlaba a los defensores, la sencillez con la que soporta la carga de seis Copas de Europa ganadas. A él no le nominaron nunca como mejor jugador del mundo pero tiene seis veces el trofeo más deseado por Zizou. Cosas del fútbol.
Algunos piensan que por no haber nacido cuando se produjo un hecho, están exentos de tener que conocerlo. Eso, además de ignorancia, denota imbecilidad. Zidane me da que se sitúa justo en la otra orilla, en la de aquellos que no se cansan de aprender de los que hicieron grande el fútbol hace décadas. La moda del jugador atrapado en una burbuja, preocupado de lucir modelitos, uraño con la prensa, esquivo con la historia de su propio club e intolerante con la crítica, perdería peso si los equipos utilizaran más a sus viejas glorias. Hace cuarenta años, ellos también eran ricos de la época, famosos, privilegiados, pero no se podían permitir ciertas frivolidades. Hicieron leyenda desde la sencillez. Por eso, pasado el tiempo, siguen teniendo el reconocimiento de todos. En el fútbol de ahora, más de uno se está buscando una vejez sin gloria.
