Ciclismo | Giro 2002

El bello no se arruga

Cipollini, de 35 años, es el nuevo líder del Giro tras ganar la volata y sacar provecho de las bonificaciones. Domínguez quedó cortado en una caída a 2 km

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Sucede muchas veces que los motes se acaban apoderando del personaje, hasta el punto de provocar en el apodado una incontrolable obsesión por estar a la altura de su sobrenombre.

Fue el caso de Pantani, inofensivo y orejón mientras le llamaron Elefantino, y provocador, polémico y fullero cuando le bautizaron Pirata. Le pasó algo parecido al Diablo Chiappucci, que se volvió irremediablemente malo, y le ocurre a Mario Cipollini, conocido también como el Rey León, Supermario o il bello.

Todo esto explica que Cipollini se vista de tigre, de cebra, de Armani; que siga corriendo a los 35 años, que siga ganando y que continúe mostrando sus dientes de porcelana. Si lo piensan bien, ser ciclista y sprinter es la mejor forma de que te besen dos chicas a la vez con cierta frecuencia.

Supermario venció ayer, se vistió de rosa y se situó a seis triunfos del récord absoluto de victorias en el Giro en poder de Alfredo Binda (41). Como se puede apreciar, el bello es muy bello, pero está lejos del virginal palmarés de la añorada Kournikova (snif).

La etapa de ayer cumplió el pronóstico: tal y como estaba previsto, Cipollini aprovechó las bonificaciones del intergiro y luego, propulsado por su equipo, remató en un sprint facilón. Conclusión: risas, champán, fotos y dos chicas y dos besos, muac, muac, que es un poco de lo que se trata cuando eres rey, león y guapo.

Juan Carlos Domínguez perdió la maglia rosa porque tenía que ser así y porque se enredó en la caída masiva que partió el pelotón a dos kilómetros de la meta. Bartoli, uno de los capos, se fracturó la cadera. Desgracia para él y bendición cruel para su equipo, el Fassa Bortolo, en el que ahora sólo se pelearán Casagrande y Belli.

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Hasta que llegó el frenesí final, la carrera fue fiel a la leyenda negra del Giro: paseíto mientras no conecta la televisión. Después, el sálvese quien pueda: codazos, histeria y montonera. Entre los que rozaron el siniestro total, Boogerd, eterno aspirante con motor de vespino. Entre los abollados, Aitor González y Vicioso. El Kelme está gastando sus cartas de la mala suerte y al final sólo le quedarán comodines. Al tiempo.

La etapa de hoy, con repechón al final, tiene aires de clásica y servirá para ver la cara de algún favorito con incontinencia. Será bonito. Poco a poco irán desapareciendo los que hacen bulto y quedarán los elegidos, los que buscan con desesperación que alguien les ponga un mote bien grande para ir siempre a rueda.

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