Toreros en Italia
El Giro comienza hoy en Holanda con una contrarreloj de 6,5 km. Habrá 21 ciclistas españoles en la salida dispuestos a desafiar la supremacía italiana

Yo estoy feliz, y sé que esta condición sólo pertenece a los tontos y a los locos, o a los que tienen una cuenta en Jersey. Yo estoy feliz porque empieza el Giro, lo que es más grave todavía. Y más aún teniendo en cuenta que en este Giro hay españoles sin nombre, que sólo tenemos un equipo, el Kelme, y que TVE no lo da porque no corre Manu Tenorio. Yo estoy feliz, insisto, aunque ya no está el extraterrestre y nos dan sopas con hondas; feliz porque esta crisis de patrocinadores miopes nos devuelve, por lo menos, el viejo sabor del ciclismo, cuando el Giro y el Tour eran guerras lejanas a las que mandábamos a una cuadrilla de toreros delgados como una radiografía. No solíamos ganar, pero cuando lo hacíamos aquellas sí que eran hazañas, que se te caía la baba en el AS.
Y permítanme recordar que el despreciado Giro reparte pedazos de gloria (el marciano, el caníbal, el caimán), que ya pasaron los tiempos en que Moser y Saronni ganaban los Giros cuesta abajo. Nombres como Campitello Matese, Marmolada o Pordoi, pronunciados despacito, sirven igual para poner la piel de gallina a un escalador o a una enamorada.
También me gusta este Giro porque está Belda, el Napoleón de Cocentaina. Y henchido de felicidad como me siento, que parezco Rosa López, también tengo sitio para la indignación, que me lleva a preguntarme por qué diablos si hay una asociación en defensa de la paloma viajera (Ectopistes migratorius) nadie sale en defensa del equipo Kelme, igualmente en peligro de extinción, y representante de la españolía brava y torera, que por algo lo quiere comprar Andalucía.
Hay más alicientes, muchos. Por ejemplo Escartín, salido de un daguerrotipo, pero que es un héroe retorcido y sufriente que cualquier día se transforma en mariposa. Y Beltrán, y Carlos Sastre, el cuñado del Chava, que también es un genio porque todo se pega. Y Aitor González y Ángel Vicioso.
Y hablando de los ángeles y del vicio, cómo olvidar a Marco Pantani, tan maldito que si gana la carrera alguien dirá que se aplica supositorios de queroseno. Además del Pirata, y muy por detrás de su inmensa categoría, hay un puñado de buenos ciclistas para las clásicas y los Giros: el sospechoso Frigo, el triste Garzelli y el gafe Casagrande. También hay un notable escalador, Gilberto Simoni, actual campeón, aunque nunca sabremos su verdadera altura hasta que no arrime al Tour.
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Hoy empieza el Giro del euro (así lo llaman). Arranca en Holanda y, antes de llegar a Italia, pasará por Bélgica, Luxemburgo y Francia. Muchas vueltas para terminar recortando la montaña, que los italianos no quieren que se les arrugue Cipollini. Precisamente il bello, vestido de leopardo, fue la estrella de la presentación de la carrera. Cabe dentro de lo posible que corra el prólogo disfrazado de holandesa o de queso de bola, ya saben que es como Mortadelo pero en guapo.
Esta tarde arranca la fiesta con una carrera de galgos de 6,5 km, luego vendrán volatas y montañas, proezas y desgracias, 198 ciclistas muy valientes, que en Italia, últimamente, hay más vampiros que en Transilvania.