Amistoso | Real Madrid 1-Japón 0

Se dejaron la piel

Bajo una lluvia torrencial y en un césped encharcado, el Madrid de Figos y Portillos se entregó ante Japón, con gol de Congo.

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Lo mejor del partido fue la voluntad de los jugadores y la moral a prueba de bombas de los mil aficionados que soportaron una espectacular tormenta de primavera en el Bernabéu. Fútbol no hubo. Fue waterpolo con los pies. La fiesta de los veteranos se aguó lamentablemente. Agradezcamos al Real Madrid y a Japón el fragor e interés que pusieron para mantenerse en pie sobre los charcos. Y pelearon todos, Figos, Portillos y nipones, con entereza y casta. El desenlace tuvo menor importancia, aunque la gracia fue que Congo resolvió con un gol a su manera el debate sobre el nueve. Guti, el Moro y Portillo, curiosamente no vieron puerta.

El partido dejó lecturas individuales más que conclusiones generales. El Madrid presentó varios onces en rotación cada media hora, imposibilitando una evaluación global. Pero sí se pudieron apreciar detalles de valor. Algunas cosas ya se sabían: la velocidad de Roberto Carlos (entregado por la causa sin reservas) o la falta de chispa de Figo (volvió a caerse demasiado en la lucha cuerpo a cuerpo). Y otras fueron novedosas: Congo está bien de forma y olfato, Iván Campo se mostró fenomenal de concentración, Portillo no marcó aunque se le vio envenenado en cada remate y Álvaro resultó la feliz noticia jugando con el primer equipo después de mucho tiempo de lesiones.

Japón, eso sí, resultó un rival perfecto para un día de perros. Fieles a su espíritu luchador, los nipones no debieron sentir la lluvia y el frío en la piel porque se emplearon con una severidad inesperada en lo táctico (jugadas ensayadas, salidas en línea al fuera de juego...) y en los marcajes. Trabajaron sin rendirse, tocaron con cierta elegancia hasta que llegó el diluvio y presionaron con uñas y dientes cuando el Madrid ya no tenía más ganas de jugarse las piernas. Les faltó esa pizca de clase para llegar hasta Casillas o Carlos Sánchez con aspiraciones de gol. En el Mundial perderán partidos, pero dejarán huella en todas las espinillas.

Portillo. Por supuesto, de alinearse el mejor Madrid y jugando sobre un tapete impoluto, Japón habría caído por mayor diferencia. Se vio sobre todo en el arranque del partido. La calidad de los números uno blancos se impuso en cada triangulación, en cada movimiento. No había respuesta posible de los visitantes, más que en alguna contra kamikaze.

Todo el mundo esperaba el lucimiento de Portillo en su debut en el Bernabéu. Pero los dioses del fútbol no estuvieron de su parte. Del Bosque le ofreció la titularidad para que exhibiera sus dotes goleadoras y no la aprovechó. La verdad es que tampoco dispuso de balones para mandarlos a la red porque los defensas japoneses se le pegaron como sellos. Al llegar el descanso, se fue a la caseta.

La segunda parte fue bravísima más por la dificultad de jugar sobre agua que por el propio fútbol. Los canteranos se fajaron de maravilla, todos sin excepción, confirmando la buena salud de la hornada. Pero también hombres curtidos como Morientes y Guti engrandecieron el homenaje a los veteranos apretando las tuercas a Japón. Y para cerrar la noche vimos un paradón a bocajarro de Carlos Sánchez que salvó el marcador. Una victoria entre barro y lluvia dedicada a quienes han escrito en oro la historia del club y que dejó contentos a todos.

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El detalle: Un choque de muy alto riesgo

Temblaba el cuerpo técnico del Real Madrid en el vestuario, antes del partido, viendo cómo se ponía el césped. El barro podía haber causado cualquier problema muscular en jugadores fundamentales para Riazor, el viernes, y para la final de Champions. Por fortuna no hubo que lamentar incidencias en un partido de alto riesgo.

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