Barbie Kournikova
Ha jugado 103 torneos y no ha ganado ninguno. Antes, cuando empezaba, se metía en alguna final que otra, no muchas, sólo tres, pero al menos llegaba hasta donde la vencedora. Ahora lleva dos años sin disputar una sola final. Lo más que alcanzó el año pasado fueron unas semifinales. De número 8 del mundo ha pasado a la 68. En el ranking español ahora sería la octava mejor jugadora, por detrás de Arantxa, Magüi Serna, Cristina Torrens, Conchita Martínez, Ángeles Montoliú, Anabel Medina y Gala León. Anna Kournikova, de quien hablamos, es, sin embargo, cada día más famosa y más rica.
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Ella ha sido quien ha preferido ser estrella antes que tenista. Las dos cosas, a la vista está, son incompatibles. Porque antes, cuando sólo era jugadora, no lo hacía tan mal. Es más, fue considerada niña prodigio, pues como tal cabe calificar a quien con 14 años debuta en el circuito profesional, con 15 gana con Rusia la Copa Federación y con 17 recién cumplidos se planta en las semifinales de Wimbledon. Ahora, próxima a los 21, sigue jugando pero también es la imagen de las firmas con glamour, graba un videoclip con Enrique Iglesias y aparece en Forbes como una de las mujeres más acaudaladas.
Vistas las cosas de esta manera, es un milagro que siga jugando al tenis. Es como si Claudia Schiffer se hiciera tenista. No ganaría, pero sus partidos despertarían una expectación inusitada. Con Kournikova empieza a pasar algo parecido. Ganar, tampoco ganará, pero todos los torneos le ponen un cheque en blanco para que se inscriba. Por eso, que Penthouse quiera mostrar los presuntos pechos de Kournikova no tiene que extrañar. Anna ha elegido ser estrella. No hay más que ver la fotografía que ha elegido para que aparezca en su biografía oficial de la WTA: no es una tenista, es una barbie.
