Un brillo especial
Durante más de una década he podido constatar un fenómeno que casi calificaría de paranormal, algo así como un Expediente X sobre dos ruedas: el brillo especial que desprenden los ojos de los pilotos españoles en víspera del gran premio de Jerez. Vi como les pasaba a Aspar, a Garriga, a Puig, a Crivillé... y ahora les sucede a Alzamora o a Fonsi. Es una especie de embrujo andaluz que siembra en sus mentes un único deseo, un pensamiento inquebrantable: ganar.
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La verdad es que no había vuelto a reparar en el asunto hasta el pasado sábado, durante una cena en Barcelona precisamente con Emilio. Me encontré a un piloto concentrado ya en el desafío que le aguardaba una semana después, soñando con volver a pisar ese escalón del podio al que subió en el año 2000 y, sobre todo, con una mirada irrepetible que transmite, no sé si a partes iguales, ilusión, responsabilidad y cierta angustia por el qué pasará.
Lo mejor del caso es que tal inquietud no es patrimonio exclusivo de Alzamora, sino que lo comparte con el resto de los pilotos nacionales con aspiraciones en la prueba de casa. Y es que Jerez, aunque suene a topicazo, no es una carrera cualquiera. Ganar allí tiene unas connotaciones inéditas en otros escenarios y no sólo para los españoles. Hasta Rossi lo ha dicho y el mito Doohan era otro de los adictos a la gloria del trazado gaditano. Por eso también tenemos derecho a soñar: nuestros chicos no defraudarán.
