El Tour es todopoderoso
Ya tenemos montado el lío de todos los años. El Tour da a conocer los equipos que correrán la próxima edición y quienes se quedan fuera arman la marimorena. El año pasado fue Pantani, y éste, Casero. No se puede comparar el tirón popular de uno y otro, pero ambos, cada uno a su nivel, son alguien en esto del ciclismo, porque ganar una de las tres grandes vueltas es algo que queda para toda la vida. Tampoco es que se trate de que un ciclista participe en una carrera en función de su popularidad, sino que hay unos méritos deportivos que avalan su participación y Casero los tiene.
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Los tiene sobrados, salvo que el Tour tenga en muy baja consideración a la Vuelta, que puede ser y libre es de ello. Obra entonces en consecuencia y no tiene en consideración al que la gane, sabedor de que se trata de una prueba dura y muy exigente, pero a la que no vienen los mejores ciclistas del mundo, lo cual reduce la valía del triunfo. Al Giro le pasa exactamente lo mismo, pero a Simoni y a su equipo les han invitado. Hay, pues, un agravio comparativo. Ganar el Giro vale de algo, ganar la Vuelta vale un pimiento. Pues que vaya el Tour y lo diga. Así en el futuro sabrá cada uno a qué atenerse.
Lo que no es censurable, en cambio, es que el Tour invite a cinco equipos franceses. El Tour es una carrera francesa, con intereses en los equipos de su país. El Giro invita a diez italianos y nadie se escandaliza; la Vuelta invita a los seis que tenemos, y todos lo celebramos. También es verdad que para ir al Tour hay tiros, y en el Giro y la Vuelta hay bajas. El Tour es, por tanto, muy dueño de sus decisiones, mientras no haya una letra escrita que regule la participación de todos los equipos; bastante es que los 16 primeros tengan asegurada su participación por decreto para evitar discriminar a los mejores.
