Baloncesto | Jan Martín

"Hace cuatro años era muy malo"

Martín Sonneborn es una de las joyas de la cantera española; pertenece a la generación del 84, los nuevos júniors que aspiran a emular los éxitos de los Gasol, Raúl, Navarro y compañía. De momento, la nueva camada ha alcanzado la plata en Mannheim, el Mundial oficioso júnior, y ha dejado fuera del Europeo a la temible Yugoslavia. La cosa promete.

Jani, como le llaman sus compañeros, es hijo de un mito, el 10, el desaparecido Fernando Martín.
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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Hasta finales de 1998 vivía en Israel con su madre, ahora lo hace con sus abuelos paternos y su tío, Antonio Martín. ¿Qué tal fue su adaptación a la vida española?

-Cuando llegué hablaba muy poco español (ya se defiende en cuatro idiomas: español, hebreo, inglés y alemán), pero la adaptación a mi nueva vida fue rapidísima. Un cambio a mejor.

-Y de baloncesto creo que llegó justito, ¿no?

- Sí, era bastante malo. En Israel (vivía en un pueblo cerca de Haifa) el baloncesto es el deporte nacional y me aficioné a jugar en el colegio, poco más.

- ¿Cómo afrontó la nueva etapa en su vida?

- Con ilusión, no sabía bien lo que me esperaba. Tenía ganas de ver cómo era el baloncesto en España. Ingresé en el Canoe (cadete de primer año), un club muy serio y con grandes entrenadores, en el que me he divertido muchísimo. Además, también he tenido tiempo para los estudios (cursa segundo de bachillerato). Está claro que he progresado, sobre todo porque partí de un nivel muy bajo.

- ¿Por qué se decidió por el baloncesto? ¿Pesó la tradición familiar?

- Para mí el baloncesto no es una obligación. Entreno y me sacrifico porque me gusta. En la familia se habla de este deporte, pero creo que ése fue el motivo menos importante.

- Ya es internacional y uno de los jugadores más destacados en su categoría. ¿Cuáles son sus aspiraciones?

- No sé cuál va a ser mi proyección futura... con trabajo duro se puede conseguir cualquier cosa. Tengo una meta clara: hacerme un hueco en el baloncesto, y lo voy a intentar con todas mis fuerzas. Siempre me he sacrificado mucho.

- En breve tendrá que tomar una decisión muy importante. El próximo año no seguirá en el Canoe, ¿dónde jugará?

- Hay varias opciones (Estudiantes, Real Madrid y alguna universidad americana), pienso en todas y aún no me he decidido. Debo hacerlo en breve. Quiero meditarlo muy bien. Entre el Madrid y el Estudiantes quizá no haya tanta diferencia. Marcharse a EE UU da qué pensar. Supone empezar otra vez una nueva vida, lejos de la familia, de los amigos... jugaré donde más me convenga.

- ¿Le influirá para algo la trayectoria de su tío Antonio y la de su padre en el Madrid?

- Todo eso me enorgullece muchísimo, de verdad; pero para mi decisión el pasado no va a contar.

- ¿Le molesta que le comparen con su padre?

- No, en absoluto. Una comparación no hace daño, lo que pasa es que somos diferentes.

- Usted, por ejemplo, lo tendrá difícil para jugar de pívot (2,02 m y 98 kilos)

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- Sí, lo sé, por eso trato de mejorar lejos del aro. Entreno todos los días en el Canoe y hago además una hora extra de técnica individual y otra de preparación física.

- ¿Y la NBA le tira?

- A veces me quedo a ver los partidos, me gustan los Knicks, Sacramento, los europeos... La NBA es lo máximo, por eso entiendo la decisión que tomó mi padre. Hizo bien en marcharse. Una oportunidad así no hay que desaprovecharla, aunque luego juegues poco.

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