Yo Digo Juanma Trueba

El zumbido

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El Madrid sólo se emplea a fondo en ciertas ocasiones, las más importantes, que el resto es un dejarse llevar. Más que víctima de la holganza, es prisionero de una especie de descomunal sociedad del bienestar, a la que podríamos llamar sociedad del coñoquebiensestá; mundo de confeti que es incompatible con aquello de dejarse la piel todos los domingos, y en el que sus habitantes se sienten llamados a una gran gesta que no suelen situar en Pamplona o San Sebastián, sino en París o Glasgow.

A este mundo feliz empiezan a incorporarse los árbitros, que ya no son tipos siniestros sino gente con una infancia casi normal, porque los niños de ahora ya no sueñan con ser bombero sino árbitro internacional o suplente del Madrid, que son muy listos. Collina, la starlet del arbitraje, será la última estrella de un partido que lo tiene todo, incluido un zumbido inquietante, como si el 0-2 hubiera desarmado al Madrid, sin argumentos para motivarse, todo demasiado perfecto, envuelto de una felicidad que sólo tiene un peligro, mirar hacia abajo y ver que no hay nada, ni siquiera excusas.

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