Yo digo Juan Mora

La ventaja de los tenistas españoles

Juan Mora
Importado de Hercules
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Ha regresado la tierra a los torneos de tenis y ya estamos ahí, no sólo ganando torneos, sino copando finales. Y esto no ha hecho más que empezar. Desde el pasado 8 de abril y hasta el 10 de junio, todos los torneos del circuito de la ATP son en tierra batida. La ocasión es propicia para que nuestros jugadores peguen un arreón, se harten de sumar puntos y aparezcan en los primeros puestos de las listas mundiales, que todavía está por ver que uno de los nuestros acabe el año como jugador número uno del mundo. Es que como la mayoría de los torneos son en superficie dura... se oye como excusa.

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Esto es una verdad a medias. De los 70 torneos que se celebran cada año, 33 son en superficie dura, 25 en tierra, 6 en hierba y otros tantos en moqueta. Estamos, pues, en desventaja, pero no tanto como para considerar que la tierra esté discriminada en el circuito profesional. La prueba es que se celebran ahora de manera consecutiva 12 torneos sobre tierra y después de la minitemporada de hierba que hay en torno a Wimbledon, vendrán otros 7. Algunos de ellos coinciden —Barcelona y Houston, sin ir más lejos—, pero no menos que los torneos que se disputan en pistas duras.

Los jugadores españoles tienen, incluso, una ventaja. Son maestros en la tierra, pero también son buenos en otras superficies. Ejemplos hay de ello: en la dura, Ferrero ganó el torneo de Dubai, Moyá asombró en Australia y Corretja se anotó el Masters; éste, ade-más, acaba de derrotar a Sampras en hierba, lo cual demuestra que nuestros jugadores, además de dominar la tierra como pocos en el mundo —Kuerten es el único que les hace sombra—, han sabido adaptarse a toda clase de pistas. Por eso tienen a su alcance llegar a ser número uno del mundo. Conformarse con menos sería una pena.

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