Selección | Irlanda del Norte-España

Se rompió Tristán

Una lesión muscular le deja KO y compromete su participación con el Deportivo en la recta final de la Liga.

<B>DESGRACIA.</B> Diego Tristán tuvo que retirarse lesionado del Windsor Park.
J.J.Santos
Actualizado a

Los irlandeses que consumían pintas de cerveza en el Robinson’s Bar que hay frente al emblemático hotel Europa eran ajenos, cuando caía la noche, de lo que acababa de ocurrir en el Windsor Park de Belfast: Tristán se había roto. Su pierna izquierda dijo basta. ¡Lo que nos faltaba! La Selección pelea por su cuota de protagonismo, entre noticias de encarcelamientos y pasión por el Madrid-Barça, y lo va a encontrar con algo desgraciado que tendrá aún más trascendencia sabiendo lo que se juega el Depor en las próximas semanas. Era la guinda a un viaje presidido por las dudas.

Nos quedaremos sin saber si Valerón, Raúl y Tristán precipitan su compatibilidad, Camacho lo está deseando, al caer lesionado Diego. Es, sin duda, uno de los mayores contratiempos por el dulce momento que atravesaba el delantero. Sí sabremos si la estelar aparición de Albelda y Baraja en la Liga tiene su refrendo en el equipo nacional. Ya no son pruebas. Estamos ante matices decisivos.

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Y eso que Belfast no parecía mala plaza. Aquí cimentó nuestra Selección las clasificaciones para los Mundiales de Italia y EE UU, aquí se fundó una peña periodística cuyo miembro de honor era Javi Clemente (qué buenos recuerdos tenemos algunos de aquella peña Belfast que en gloria esté), aquí nació George Best, para mayor regocijo del mítico Manchester de los sesenta. En el hotel desde el que escribo, el Europa, los fantasmas aparecen por los pasillos. Hace poco menos de diez años, se urdían en sus habitaciones los hilos para asentar un poder omnímodo que duró seis años en nuestra Selección. Eso sí, de aquella visita a ésta han desaparecido las verjas que separaban el hotel de la avenida, también las torretas de vigilancia del Ejército Británico y hasta las tanquetas que patrullaban frente al hall. Por fortuna, todo cambia a mejor.

¿Y por qué digo todo esto? Sencillo. Diez años después, pese a la mejoría, seguimos con parecidas dudas. O más. En puertas de un Mundial, el seleccionador teme que se le raje más de uno, que la cabeza no esté donde debe estar. Por eso, y como última prueba, quiere despertarlos poniéndoles enfrente a un equipo que te saca del campo a pelotazos y garra pero que es inferior. Un equipo similar a los que nos podemos encontrar en Corea: poco capaces en lo técnico pero superiores en entusiasmo.

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