Ayer Pau, desde ahora Pow
Seis partidos en nueve días. Así de duro es el epílogo, el tutta orchestra final de Pau Gasol en la temporada NBA. Tres rivales en Memphis (Denver, Portland, San Antonio) y tres fuera (Houston, Clippers, Seattle). América ofrece fama y dinero, pero exige sangre y sudor como precio. El miércoles 17, en Seattle, Pau entrará en la ducha con la sensación de que ha pasado sobre él un tren de 82 vagones (los 82 partidos disputados en 22 semanas), pero sentirá también que se ducha con agua bendita. Ha superado todas las expectativas, ha demostrado un asombroso talento y sólo le falta coger una guitarra y marcar paquete para ser tan famoso como Elvis en Memphis.
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El trofeo de rookie del año es suyo, debe ser suyo, pero no son los aficionados quienes lo decidirán con su voto. La última palabra la tendrán unos 150 periodistas norteamericanos (todos los que hayan asistido a un mínimo de 82 encuentros), así que subsiste un pequeño margen de sorpresa.
Para Gasol, en cualquier caso, la vida ha dado un vuelco alucinante. Cuando afirmó, en su debut, que estaba cumpliendo un sueño, ni él mismo era consciente de lo certero de esas palabras. Pau, el chaval de Sant Boi es ahora la estrella Pow, conocida en los cinco continentes. Hasta tal punto le ha desbordado la fama que le asusta el regreso a España. Se plantea pasar las vacaciones en algún lugar secreto. Tiene miedo del acoso que sufrirá cuando retorne a casa. Pero volverá. El primer día de agosto, cuando la selección se concentre en Málaga, Pau Gasol será otra vez de los nuestros. El líder.
