Yo digo Alejandro Delmás

Ya no hay número dos

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En el tenis de hoy, cualquiera puede ganar a cualquiera: será bien difícil que regresen los ciclos en que Borg, Connors, McEnroe, Lendl o el mismo Sampras encadenaban grandes títulos. La marea ha llegado a tal punto que España pelea de igual a igual con Estados Unidos en la hierba de Texas. Para sobrevivir en esta jungla se precisan una preparación física brutal, la determinación de Hewitt o la mano maravillosa de Agassi.

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Todo, en un frente donde ni valen los saques a 217 km/h (Sampras ante Corretja), ni el talento del mejor John McEnroe, ni los mismos palos galácticos de Safin: llegan un Johansson cualquiera y el niño terrible Hewitt, curtidos en miles de horas y de bolas bajo soles abrasadores y en gimnasios de castigo, y a ver cómo se les gana a estos tíos, que además, no miden dos metros: ni falta que les hace. Los robóticos suecos capitaneados por Borg y Wilander apenas existen como estirpe triunfadora, porque todo el mundo entrena tanto o más que el que más.

El juego se ha despersonalizado, rumbo a una dureza árida. ¿Cuánto cuesta hacerle a Hewitt un punto ganador... sin que el australiano toque la bola? Pero, ¿adónde lleva la desaparición del genio y de la brillantez en beneficio del atleticismo? En Estados Unidos y la decadencia de su tenis está la respuesta. Y no es alentadora...

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