Corretja: "Sé que podemos"
Corretja, héroe ante Sampras, espera jugar hoy contra Roddick.


Era un sueño, pero al final sólo ha sido un punto". Álex Corretja, transfigurado, acababa de llevarse la mano al corazón. Había ganado a Sampras. Y la bola Wilson, lanzada por la mano de Álex, cruzaba ente Agustí Pujol, el presidente de la Federación Española, y George Bush, el patricio republicano padre del actual presidente de Estados Unidos.
Y Pujol era el rostro de la felicidad. Y Bush, la máscara de la incredulidad. De Sampras, derrotadísimo, abatidísimo y veterano, sólo se adivinaba una coronilla cada vez más calva. Houston, Sampras y el equipo estadounidense de Copa Davis tenían ya un problema horroroso...
La señora de Corretja, Marta, exultante, despedía luz de vida entre las sombras de la noche que caían sobre el Westside Tennnis Club. Y Bridgette Wilson, señora esposa del señor Sampras, ni se asomaba, perdida entre la multitud de españoles y tex-mex victoriosos que cantaban bramaban victoria tras responder a los "yu-es-ei", con los "Vamos Alex" y los achicanados "Ándale, Alex, por la Madre Patria".
A las 2:40 horas de la madrugada española del sábado, 18:40 del viernes en Houston, Texas, Álex Corretja había pulverizado la leyenda del jugador con el saque más letal de todos los tiempos: Pete Sampras, el hijo deportivo del médico Pete Fischer, que fue condenado por pederastia tras construir el mejor juego de ataque del mundo.
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"Restar bien fue clave y también lo será hoy. Espero estar recuperado de mis molestias en la mano. Pero sé que podemos ganar. Contra Sampras logré la victoria más difícil de mi vida. Me sabe mejor que si le hubiera ganado en aquel US Open 96 (6-7, 7-5, 7-5, 4-6 y 6-7)".
Corretja, que se había levantado para desayunar a las 7:00 horas en Houston, terminó en la gloria y en la cama a eso de las diez de la noche, con la mano derecha vendada: una caída en el esplendor de la hierba. Tras el descanso de ayer, hoy volverá a tener la hazaña en su mano, en esa mano vendada con la que apuntilló y silenció la leyenda de Sampras. Y eso, aquí en la hierba de Houston, se llama hacer historia.