Francia se alzó con el Grand Slam
Vapuleó a Irlanda por 44-5 ante el delirio de 70.000 espectadores.
Buenas noticias para los curritos del mundo. Todavía hay tradiciones que se mantienen. Ejemplos. Uno, el rugby se sigue jugando en equipo. Dos, para llegar a figura en esto del deporte oval hay que comerse algo más que un puñado de placajes. Ni el jugón Wilkinson, ni Keith Wood, ni Brian ODriscoll, ni Iestyn Ángel del Norte Harris... Ninguno.
Todos fueron derrotados, perdón, aplastados por Francia, un equipo de 15 tipos sin cara y casi sin pasaporte (un suráfricano, un camerunés, un neozelandés...).
Salida del laboratorio del profesor Laporte, seleccionador galo que pasaría sin problema por hermano gemelo del mítico Laurent Fignon, Francia ha respetado el juego a la mano del rugby de champagne, y le ha sumado una defensa imperturbable, muy a la moda del rugby actual. Son, posiblemente, peor plantel que Inglaterra. Son, evidentemente, mejor equipo y son, indiscutiblemente, más elegantes que los hijos de la Gran Bretaña. Cest la vie.
Inglaterra merece un consejo, eso sí, gratis: paguen al seleccionador Woodward unas vacaciones en la isla de Wight durante los próximos 20 años. Lo agradecerán tanto como nosotros le agradecimos a Chipre que echaran a Clemente. Creánme. Musho Wilkinson y poco más. Un equipo así debería ganar, quiero decir arrollar. Y ya han desperdiciado cuatro ediciones buscando un Grand Slam.
Decepción
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A Gales y Escocia les vale aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor. Especialmente a los dragones. Si Italia no participase (¿lo hace?), los rojos tendrían madera como premio. Escocia, pese a su historia y a las 70.000 almas cantando el Flower of Scotland partido sí partido también, mostró un pobre juego. De Italia lo mejor es que sigue siendo un bonito país para enamorar a una ragazza. ¿Rugby? No hay noticias de ello.
En resumen, liberté, sin egalité y con poca fraternité. No juegan con el esmoquin como Sella y Blanco, pero ganan. Son Galthie y Betsen y De Villiers y Merceron y Marsh y... así hasta quince. Y Laporte. Cest fini.